¿Quién eres?

Vaticina el articulista que si no se define con rapidez el futuro del entrenador y del equipo, la temporada acabará siendo de nuevo mediocre

Luis César dirige el entrenamiento ante Kiko Olivas /G. Villamil
Luis César dirige el entrenamiento ante Kiko Olivas / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Querido Real Valladolid: te miro y no te reconozco, ni por dentro ni por fuera. Vives en una casa derruida pero como no encuentras otra, te conformas con esquivar los cascotes en lugar de echarle valor y reconstruirla con el honor de los tiempos en los que fuiste grande. Un día se te va a caer el techo encima y vas a aparecer en el piso de abajo. Real Valladolid, quién te ha visto y quién te ve. Seguro que te miras al espejo y ni tú sabes quién eres ni hacia dónde caminas.

Lo que fuiste y en lo que te has convertido, Pucela. Juegas a defender y te hacen ocasiones con la mirada. Intentas proponer más consistencia y la solución radica en colocar como mediapunta a un futbolista de contención, que ni ataca con tino, porque es un hábitat en el que se encuentra incómodo, y tampoco defiende porque no llega, a pesar de hacer más kilómetros que un maratoniano. Qué desastre todo, Real Valladolid. Vives de un portero solvente y un delantero que marca cuando roza la pelota. El resto es todo humo, caos. Aburres y destrozas cada una de las letras del XIIPucela. Confundes defender con despejar. Da igual el oponente, siempre te disfrazas de equipo pequeño. En Alcorcón, destilaste miedo ante un adversario que lucha por escapar del fango.

Como sigas sin encontrarte, vas a perder hasta las rayas de la camiseta, querido Pucela. Tienes un capitán que traduce su inseguridad con planteamientos que reflejan que no sabe si avanzar o retroceder. Es lógico. Cuando mira a su alrededor no ve una sola señal de respaldo ni de confianza. Así es imposible transformar el batiburrillo en orden.

Querido Real Valladolid, tienes tiempo al menos para engancharte al mal menor que significa el playoff, cuando tienes plantilla para pelear por un futuro mejor, pero si continúas buscando tu partida de nacimiento te vas a estrellar. Si envías al contenedor los números de récord de tu delantero estrella. Si no desbloqueas tus piernas para presionar al rival en su campo y recuperar el juego combinativo, alegre. Si para ti guardar tu portería significa no disparar una sola vez a la meta rival. Querido Pucela, o te ordenas, desde las oficinas hasta el césped, o cuando te quieras dar cuenta estarás divagando por una categoría que ya se te está haciendo bola. Sé que no es sencillo, pero desde fuera das la sensación de que prefieres la autodestrucción que la reinvención, la angustia en lugar del bienestar. ¿Quién eres, Pucela?

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