El Real Valladolid cae ante el Rayo por un gol en el primer minuto

Keko y Amat corren hacia un balón sin dueño. / R. Gómez

El Pucela jugó un partido flojo, se colapsó en ataque, falló un penalti y dio la sensación de tener muchos jugadores muy bajos de forma

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Que el Valladolid iba a sufrir esta temporada era algo que se repetía como un mantra en agosto, pero el gran arranque del equipo ha hecho que en parte se olvide esa coletilla. Y no conviene. Decía Mendilibar: «si no corremos somos caca de la vaca». Y, parafraseando al técnico, si este Pucela no pone sale concentrado, es carne de derrota. Y ante el Rayo no lo hizo. Y arreglar el empezar perdiendo es harto complicado. En especial si enfrente tienes un portero en estado de gracia y tus jugadores se mueven por el césped con descoordinación.

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El Pucela ha perdido frescura. Dentro y fuera del campo. Sergio tomó varias decisiones cuestionables a tenor de como iba el partido, y aunque Cop forzó el penalti que erró Míchel, los cambios del técnico no eran los adecuados porque el equipo se atascó con ellos en lugar de mejorar.

0 Real Valladolid

Masip, Moyano (Antoñito, min. 46), Olivas, Calero, Nacho, Míchel, Alcaraz, Toni Villa (Cop, min. 64), Plano, Keko (Verde, min. 74) y Ünal.

1 Rayo Vallecano

Dimitrievski, Velázquez, Ba, Amat, Advíncula, Álex Moreno, Medrán, Comesaña, Embarba (Bebé, min. 62), Trejo (Álvaro, min. 84) y Raúl de Tomás (Tito, min. 91)

Goles
0-1, min. 1: Medrán desde el área pequeña tras pared con Embarba
Árbitro
Cordero Vega, del colegio cántabro. Amonestó a Embarba, Trejo, Bebé

El problema del Real Valladolid fue que todo el trabajo de la semana se deshizo en 35 segundos. El tiempo que tardó el Rayo en pillar descolocada a la defensa blanquivioleta. Habían sacado los madrileños, recuperó Míchel, perdió el balón ante Medrán y el Rayo montó una media contra en la que tres defensas blanquivioletas miraron al rival sin marcarle. La pasividad acabó en la jaula de Masip. El peor escenario posible se había convertido en real.

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Tardó un rato el Valladolid en asimilar el golpe, pero lo digirió gracias primero a Plano, que con su intensidad fue contagiando a todos sus compañeros. Y lo metabolizó definitivamente cuando Calero se puso el mono de organizador y empezó a filtrar pases hacia Villa o Plano dentro del área. A partir de ahí comenzó a crecer el Valladolid, que echaba de menos a Míchel, demasiado adelantado a la hora de construir y demasiado retrasado a la de defender. El de Burjasot no encontraba su sitio en el campo y perdía balones por ausencia de concentración. Y cuando el levantino está en esos días de caraja ampliada, el grupo se descentra.

El caso es que el rival sufría poco o nada. Y veía transcurrir el tiempo con tranquilidad. La inoperancia del Valladolid era evidente, pero no por ello enervaba al público, que con su aliento comenzó a impulsar al equipo, que terminó firmando un cuarto de hora más que aceptable y dejando abierta la puerta hacia una segunda parte que olía a remontada.

Y durante muchos minutos del segundo olió. En especial porque Toni Villa empezó a romper líneas, bien apoyado por Nacho y Plano. El Rayo sufría... hasta que Sergio retiró al murciano para dar entrada a un segundo delantero. Ahí empezó a perder el partido el conjunto blanquivioleta. Con dos delanteros centros, inoperantes y desesperantes, casi podía verse la sonrisa de satisfacción en los tres centrales rayistas.

Pese a todo una diagonal de Keko, excelente, acabó en una gran parada de Dimitrievsky. El cancerbero empezaba su espectáculo, que culminaría deteniendo un penalti lastimosamente lanzado por Míchel, que de esta forma coronaba una de las actuaciones más flojas que se le recuerdan de blanco y violeta.

Pese a la derrota el club sigue a cinco puntos de la zona de descenso, a expensas de lo que hagan Villarreal y Athletic esta jornada, lo que es un plus de tranquilidad, pero el equipo emite señales que deberían ser tenidas en cuenta.