El Real Valladolid no estuvo blando, estuvo ¡blandísimo!

El autor del texto analiza la disposición de la defensa del Pucela en el partido frente al Huesca

Miramón despeja la pelota en presencia de su compañero Moi Gómez y de Alcaraz./LOF
Miramón despeja la pelota en presencia de su compañero Moi Gómez y de Alcaraz. / LOF
JAVIER YEPES

La trabada jugada, a trompicones para ser más exactos, que supuso el tercer gol oscense, y en la cual Cucho Hernández le ganó la pelea por bemoles a cuatro jugadores nuestros en las inmediaciones del área, es la foto fija que define el resultado en las disputas del Pucela ayer en Huesca.

Vaya por delante que lejos de caer en el viejo, manido e injusto argumento de la «falta de interés» de los futbolistas -nada más lejos de la realidad por lo visto ayer- lo que sí que me interesa que quede muy claro es la pertinaz falta de concentración para ser más duros en las disputas y estar más atentos en las jugadas.

Ello nos condujo a una desesperante cadena de errores, fundamentalmente por el centro de la línea defensiva, basados en un mal posicionamiento de ambos centrales que propiciaron el tremendo boquete por el cual naufragó el equipo.

Pero ¡ojo!, que antes que los centrales se ubican los volantes, ayer dos de carácter fundamentalmente defensivo y que en las jugadas decisivas tampoco ayudaron demasiado.

Si ya en la jugada del primer gol quedó patente su desconexión, lo cierto es que a partir de ahí las cosas se les complicaron en demasía a ambos y por ende al equipo.

Si pensamos que Kiko acabó sustituido y Fernando abrumado y con la quinta amarilla sobre sus espaldas, lo acabaremos comprendiendo todo.

Sin embargo, bueno será recordar los goles que ambos han evitado y los que han marcado, así como las actuaciones estelares que nos han brindado desde los momentos mágicos del fin de la pasada temporada.

Que Kiko Olivas y Fernando Calero son dos baluartes en este Pucela sería una canallada deportiva ponerlo en tela de juicio, porque como ya se sabe «la chepa que lucimos cuando pintan bastos es hermana del pecho que se saca cuando triunfan los oros». Así pues, ni lo uno ni lo otro.

Que ayer no fue nuestro día quedó patente desde el minuto dos con la ocasión de Alcaraz atajada por Santamaría.

Goles en acciones puntuales con fallos graves son el resultado final de un partido en el cual el acierto y la intensidad fueron blaugranas y el manejo del balón y la falta de contundencia, blanquivioletas.

Y un apunte final. Si el videoarbitraje cuenta con muchas más imágenes que las ofrecidas al telespectador cierro el comentario ya mismo. Mientras el fuera de juego de Plano es evidente por lo nítido y cercano de la imagen, en la interpretación del gol de Ávila la toma es mala, lejana y escasamente clara como para poder explicar la decisión. Hasta en eso salimos perdiendo.

Ese equipo blando hasta la desesperación, tímido y despistado que ayer jugó en El Alcoraz tiene que mutar en siete días en ese aguerrido, atento y siempre jugón que conocemos. ¡El Villareal esta ahí...!