Del Real Valladolid de San César a las 'arielitas'

El autor tira de recuerdos para señalar al equipo la motivación que ha de tener de cara a la recta final de la temporada

César, en el suelo junto a Ismael Urzaiz, en un partido con el Real Valladolid en enero del año 2000./Ramón Gómez
César, en el suelo junto a Ismael Urzaiz, en un partido con el Real Valladolid en enero del año 2000. / Ramón Gómez
TONY POLA

Aún recuerdo esas pachangas en el patio del Ponce de León, junto al Arco de Ladrillo o en la Plaza de Tenerías. La pelota, según el día, variaba y se improvisaba con elementos tan dispares como una bola de papel Albal o una 'arielita' de esas que podían permitirse las pocas familias que compraban detergentes caros. El infrecuente día en el que alguno estrenaba balón, con suerte algo parecido al Questra del Mundial, te llevabas bronca si lo manchabas más de la cuenta y ya no digamos si la mala fortuna hacía que lo disparases hacia algún tejado.

Como porterías solíamos poner unos jerséis y así pasábamos las tardes, emulando a jugadores como Peternac, Víctor o César Sánchez. En mi cuadrilla siempre había alguno que quería imitar al 'coyote de Coria' bajo palos (entre jerséis en este caso). El motivado guardameta, por fácil que fuera la parada, solía acompañar la estirada de un grito: ¡Césaaar!

Era nuestra manera de rendir tributo a un portero que salvó muchísimos puntos en Pucela y que, de haber existido Youtube, habría sido protagonista de muchísimos resúmenes. La actuación de Masip en Barcelona me hizo recordar esos tiempos de escuchar partidos por la radio. Encuentros en los que los locutores acompañaban sus retransmisiones con coletillas como 'San César' (mucho antes de que Casillas fuera nombrado, por algunos, como santo).

Eran épocas en las que solo había dos cosas que me molestaran de las pachangas. La primera, que no me pasaran demasiado la pelota (seguramente porque no era buen jugador). El segundo aspecto, que a día de hoy me sigue fastidiando, es que siempre había alguno que se quejaba del reparto de los equipos; alguien que no estaba de acuerdo con el conjunto, supuestamente inferior, que le había tocado. Antes incluso de que la 'arielita' comenzara a rodar.

La imagen que ofreció el Real Valladolid en Barcelona me dejó un sabor agridulce, pues, por mucho que tuviéramos enfrente a un grande, se podía haber sumado.

Un día después, el Girona nos demostró que se puede vencer a este tipo de equipos. El camino hacia la salvación pasa por no darnos por vencidos, seguir con ese orden defensivo y mostrarnos más agresivos en ataque. Llevamos tres encuentros sin marcar y una victoria en los últimos once envites. Ante el Betis, toca salir a morder, con las ganas de un alevín, pero sin miedo a manchar el jersey o el balón nuevo, sea cual sea el rival que nos toca.