Fútbol | Primera División

El Real Valladolid clava sus pies a la Primera División

Míchel Herrero y Nacho corren a celebrar el tanto del primero de ellos mientras que Ünal lo festeja de rodillas en el suelo./G. Villamil
Míchel Herrero y Nacho corren a celebrar el tanto del primero de ellos mientras que Ünal lo festeja de rodillas en el suelo. / G. Villamil

Un gol de Míchel en la segunda mitad sacó lustre a un partido muy serio de los de Sergio que ganaron en casa tres meses después y fueron capaces de dominar el choque más decisivo de lo que va de temporada

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Las finales se ganan o se pierden y el Real Valladolid sacó en la noche del martes del baúl el traje de gala del que tanto tiró en la recta final del curso pasado para vencer la suya frente al Girona y regalarse merecidamente un millón más de opciones de mantener la categoría. El equipo sacó al fin brillo a su trabajo después de mejorar sus prestaciones en las últimas semanas, pero también tras mostrarse incapaz de encontrar la victoria, castigado enormemente por sus propios errores. En el duelo ante los de Eusebio esos fallos se redujeron a la mínima expresión y el equipo castellano supo jugar con los tiempos de un duelo en el que la tensión se mascó durante muchos minutos.

Un solitario gol de Míchel (el primero del curso) a pase de Enes Ünal (uno de los mejores del partido) saca al Pucela de los puestos de descenso pase lo que pase en lo que resta de jornada y le permite adelantar al equipo de Eusebio pero también sobrepasar al Levante e igualar al Celta de Vigo, que se enfrentan este miércoles a Betis y Espanyol.

1 Real Valladolid

Masip; Moyano, Kiko Olivas, Fernando Calero (Joaquín), Nacho; Alcaraz, Míchel, Óscar Plano (Toni), Waldo, Enes Ünal (El Hacen) y Sergi Guardiola.

0 Girona

Bono; Bernardo, Juanpe, Muniesa (Doumbia), Ramalho, Raúl C. (Lozano); Borja García, Pere Pons (Pedro Porro), Granell, Portu y Stuani.

Goles
1-0, min. 67, Míchel Herrero
árbitro
Martínez Munuera (Comité Valenciano) amonestó a Óscar Plano, Enes Ünal, Rubén Alcaraz y Kiko Olivas del Real Valladolid y a Muniesa, Juanpe y Stuani del Girona.
Incidencias
19.106 espectadores en el Nuevo José Zorrilla en la jornada 34ª de LaLiga Santander.

El Real Valladolid salió tan enchufado al partido como su afición, que fue la encargada de marcar los tiempos del duelo en el arranque. El saque inicial fue para el Girona, que soportó una sonora pitada que se tornó en ovación cuando al medio minuto de partido Rubén Alcaraz robó su primer balón. Era un duelo en el que hacía falta el respaldo de la afición y esta se lo tomó así desde el inicio, aunque su ánimo fue decayendo con el paso de los minutos presa de la tensión del choque, que también atenazó en ocasiones en sus gargantas.

El Pucela jugaba en casa y era el que más necesitaba los tres puntos, así que suyas fueron las mejores acciones de la primera mitad y el dominio del choque durante la mayor parte de los minutos. Waldo volvió a crear peligro con su verticalidad y de ella llegó el primer disparo sobre Bono que atrapó mansamente el marroquí, mientras que poco después, en el minuto 8, fue Bernardo el que impidió el gol de Ünal al ser capaz de tapar su disparo tras recortarle metros en la carrera del turco hacia la portería rival.

En ese momento el conjunto blanquivioleta había presentado ya unas credenciales repletas de ganas de ir a por el partido y de hambre en el campo rival, pero a partir del primer cuarto de hora bajó el pistón ante la obligación de no volverse loco tan pronto ni desnudarse mirando el arco contrario.

Con el Girona acogotado por lo complicado de su momento y el buen comienzo de su rival y el Real Valladolid bajando un par de marchas su ritmo, el partido se convirtió en un plato de sopa lleno hasta los límites: el que lo quiere llevar de un sitio a otro debe hacerlo con mucho mimo porque el líquido se le puede derramar por un sitio o por otro. Así, inquietos con el peso del partido, con el paso de lo minutos ambos equipos se tomaron un respiro mirando ya con ojos de cordero degollado hacia el túnel de vestuarios.

Si la afición fue la que animó al equipo en la primera mitad, los futbolistas fueron los que subieron el ánimo de sus seguidores tras el descanso. Así, después de un centro peligrosísimo de Óscar Plano al que no llegaron por milímetros ninguno de los dos delanteros pucelano, el estadio rompió en un atronador «¡Vamos mi Pucela!» y en un movimiento de búmeran la energía hizo volar al equipo, que empezó a atosigar a la defensa catalana. Primero fue un tiro lejano de Alcaraz el que avisó de lo que venía y después, en el minuto 67, llegó el éxtasis con un lanzamiento perfecto de Míchel Herrero desde fuera del área aprovechando una gran maniobra de Enes Ünal.

El Real Valladolid había hecho lo más difícil en un partido de estas características, pero le quedaba por delante su debe particular en las últimas semanas: aguantar el resultado.

A diferencia de los sucedido recientemente, el equipo se echó mucho menos atrás e incluso se atrevió a presionar la salida de balón del rival justo después de un remate muy peligroso de Portu en la jugada siguiente al tanto del mediocentro valenciano. Con esa declaración de intenciones la intentona del Girona terminó llegando igualmente, pero Masip y después Joaquín se mostraron muy solventes para deshacer un peligro que finalmente no lo fue tanto.

Pese a los seis minutos de añadido que permitió Martínez Munuera, la tragedia terminó por alejarse de la portería blanquivioleta e incluso Moyano o Toni pudieron llevar la tranquilidad a la parroquia local. El marcador ya no se movió y la fiesta fue, al fin, absoluta en Zorrilla. El equipo demostró que se quiere quedar en Primera División.