Ser del Real Valladolid: Corazón y sentimiento

El autor del texto valora la temporada del Real Valladolid una vez conseguida la permanencia en Primera División

Los jugadores se fotografían junto a la afición desplazada a Vallecas tras conseguir la permanencia./Ramón Gómez
Los jugadores se fotografían junto a la afición desplazada a Vallecas tras conseguir la permanencia. / Ramón Gómez
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

No intente buscar una explicación lógica, no existe. Es usted un hincha del Real Valladolid y su corazón bombea en blanco y violeta. Por eso llega a casa destrozado y sin ganas de hablar cuando el equipo pierde y llora cuando obra la hazaña de conseguir la salvación una jornada antes de la clausura. Por eso ha destrozado el mito que habla del vallisoletano como un aficionado frío y sin alma. Por eso ha apartado de su camino cualquier tarea familiar para llegar al estadio, da igual que sea Vallecas, con la suficiente antelación como para jalear a sus héroes dibujando el pasillo de la épica blanquivioleta. Sea feliz, no se esconda. Es el momento de presumir de escudo y sacar la bandera al balcón, es la hora de desanudar la garganta y gritar. Ya llegarán tiempos de angustia, seguro, pero hasta entonces, carpe diem.

El Real Valladolid ha demostrado este año que la lógica en el fútbol es como la velocidad en la tortuga. Y lo ha hecho con alma y corazón, como su hinchada. Es el único método para suplir las estrecheces presupuestarias y las carencias balompédicas. Sin pasión, habría claudicado hace meses, pero de sentimiento andamos sobrados, desde el presidente hasta el último operario del estadio, por eso hemos conseguido emocionar a Ronaldo y que uno de los futbolistas más laureados de la historia empuñe el micro y, emocionado, reconozca que la salvación es el mejor regalo de su vida. Será por éxitos, pero cuando tu corazón se empapa del blanco y violeta ya no hay salida, te metes en el bucle y ya no puedes escapar.

No quería abrochar estas líneas sin felicitar con vigor a Sergio, un técnico tan cercano y coherente como fino a la hora de vestir. Nos aupó a la fama con una camisa de Carolina Herrera y ha firmado la proeza de la permanencia con un jersey de Hugo Boss. Tiene clase. Pero la clave no reside en el envoltorio, sino en su pasión para gobernar con eficacia una nave que estuvo a punto de perderse en un agujero negro y que solo su templanza consiguió estabilizar para aislarse de los cuchillos que volaban a su alrededor. Nunca dejó de creer. De nuevo la patata, el cuore, el sentimiento. Es otra virtud del hincha pucelano: pone tanto corazón que evangeliza con su mensaje. Somos hasta simpáticos cuando hablamos del Pucela.

Antes de pulsar el último punto, también es de justicia reconocer el soberbio trabajo en la sombra de Miguel Ángel Gómez y todo su equipo. Esperemos que prime la coherencia y continúe. También hay que guardar un espacio de la gloria para Carlos Suárez, que va cerrando con hechos las heridas de los que siempre se ponen en la acera de enfrente a la espera de que tropiece. A Ronaldo le felicito, pero le pongo los deberes de dotar de recursos económicos al club para que se haga realidad su sueño de jugar en Europa. Yo me conformo con vivir más tranquilo y convertir en hábito la presencia del Real Valladolid en Primera. A todos, enhorabuena. Los milagros no existen. El éxito es únicamente producto de multiplicar el rendimiento del trabajo con una pasión infinita.