El Real Valladolid se descose

La ausencia de Míchel acaba lastrando al equipo, en pinión del analista, para el que el valenciano ha de estar siempre sobre el campo

El Real Valladolid se descose
JAVIER YEPES

La imagen del equipo tras la derrotra de ayer en Cornellá instala de manera definitiva la preocupación mas seria dentro del estamento y afición blanquivioleta.

Si ya la derrota frente al Betis el pasado fin de semana nos dejó la sensación de que el barco se escoraba muy peligrosamente, la forma en la que ayer salimos derrotados en Barcelona confirma el aserto.

Vaya por delante que tras la decepción de encajar un gol a los 15 segundos ¡por falta de atención defensiva! el equipo se sobrepuso de manera interesante y el empate de Alcaraz devolvió las esperanzas.

Algo que se vino a incrementar cuando en el último minuto del tiempo Guardiola cobró un penalty que no supo transformar. Fue ahí donde el ánimo languideció, camino del vestuario, por la importantísima ocasión fallida.

Fue lo que duró un equipo con las costuras demasiado descosidas como para ahormar bien el modelo y alcanzar la prestancia que se presupone a un equipo de esta categoría.

Porque ayer el Real Valladolid fue mas grupo que equipo, mas individualidad que colectivo y mas jugada que juego. O sea, que lo que habían sido nuestras señas de identidad hasta ahora como la tranquilidad, la sobriedad, el control y la salida del balón dieron paso a la intranquilidad, el apresuramiento, la improvisación y la falta de fluidez en la continuidad del mismo.

El equipo se nutría de jugadas con el sello de la individualidad, pero no se producía como tal. Y eso anula el sentido real del juego como colectivo.

La ausencia de Michel en el centro del terreno era directamente proporcional a la intrascendencia de su puesto en el banquillo de los suplentes. Y todo porque sin él las cosas, nos gusten o no, son diferentes y peores. Si con Óscar, Toni y Michel solo discutíamos la velocidad del juego, pero nunca la calidad del mismo, ayer la cosa ya se tornó diferente.

Borja, Alcaraz y Anuar son excelentes escuderos como volantes defensivos o de recorrido, pero no son los idóneos para soportar el peso de la creación, al menos en su inicio, del juego del equipo. Y eso lastró al equipo y a los propios jugadores.

Ayer resultamos muy previsibles, tremendamente vulgares en el juego de conjunto, débiles por blandos en defensa y romos absolutamente en ataque.

Que en ataque vivimos a expensas unicamente del acierto individual de Guardiola es tan palmario como peligroso, porque si falla alguna de las escasas ocasiones que generamos, perdemos todas nuestras opciones.

Estamos en un punto en el cual, sin estar rotos como equipo, presentamos amenaza de ello por el descosido alarmante en todas las líneas del mismo. Urge reforzarnos defensivamente, recuperar el estilo de juego y aprovechar lo que surja en ataque.