El Real Valladolid se deshace ante el Leganés y enciende las alarmas

Antoñito centra en presencia de dos rivales/G. Villamil
Antoñito centra en presencia de dos rivales / G. Villamil

La solidez defensiva salta por los aires ante un equipo de la Liga de los blanquivioletas, que jugaron un partido muy flojo

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISAValladolid

Algo no está funcionando en el Real Valladolid. Los mecanismos defensivos y de ayudas de agosto y septiembre y octubre brillan por su ausencia, y el equipo se desangra. Los cuatro goles encajados ante el Leganés son el signo de lo que venía ocurriendo en las últimas jornadas, pero hasta ahora Masip estaba tapando muchos de los desajustes. Y el día en que cometió su primer error serio, las costuras se vieron mucho más. El Leganés, con un juego sencillo, muy parecido al que el Valladolid practicaba a comienzo de la temporada, goleó y se llevó tres puntos que dejan al Pucela tocado en la moral y, sobre todo, en la confianza.

2 Real Valladolid

Masip, Antoñito (Keko, min. 83), Olivas, Calero, Nacho, Míchel, Alcaraz (Cop, min. 63), Verde, Plano, Toni (Leo Suárez, min. 75)y Ünal

4 Leganés

Cuéllar, Siovas, Nyom, R. Tarín, J. Silva, K. Omeruo, Óscar (El Zhar, min. 89), Vesga, Rubén Pérez (Gumbau, min. 83), En-Nesyri, Carrillo (Rolán, min. 80).

Goles
0-1, min. 10: Siovas remata un saque de esquina en el primer palo. 0-2, min. 42: ÓScar Rodríguez, de cabeza, aprovechando un disparo suyo que rebotó en Míchel. 1-2, min. 49: Toni aprovecha un impresionante zurdazo de Nacho para batir a Cuéllar. 1-3, min. 67: Calero retrasa hacia MAsip, pero el portero duda entre pasar y golpear y le da toda la ventaja a Carrillo para que haga el tercero. 1-4, min. 75: Carrillo, de cabeza por encima de Nacho. 2-4, min 93: centro de Keko y Ünal remata de cabeza
Árbitro:
El catalán Medié Jiménez. Amonestó a Rubén Pérez, Silva, Nyom

El equipo de Sergio demostró que el mal partido que hizo en el Pizjuán no fue consecuencia de la calidad del rival, sino de las dudas que pese a todos los discursos comienzan a albergar los jugadores. De hecho el Leganés sacó los colores a los blanquivioletas desde el primer minuto. Pese a sus números, los pepineros se plantaron en Zorrilla dispuestos a mandar. Y lo lograron. Sin el balón, simplemente con una ordenada presión, las líneas juntas y aprovechando las ocasiones. ¿Les suena de algo esa definición? Si, efectivamente, es como jugaba el Real Valladolid hace unas jornadas. Pero a los pucelanos lo de atacar les gusta cada vez menos.

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Con Míchel y Alcaraz escasamente inspirados, con Plano y Toni buscándose la vida ante la falta de balones y con Verde ejerciendo de árbitro de la anarquía, el conjunto pucelano fue un equipo irreconocible. Los tres centrales, un muro berlinesco imposible de superar, y la opción de empezar por fuera para acabar por fuera, utópica. Los problemas con el gol tienen a los jugadores obsesionados, y en sus acciones se ve enseguida la poca confianza que tienen en Ünal. Cualquier opción les parece mejor antes que combinar con el joven turco. Omeru, es cierto, anuló completamente al ariete en los primeros 45 minutos, pero es que tampoco hubo de esforzarse en demasía.

El 0-2, para más inri, llegó minutos antes del descanso justo después de dos buenas ocasiones forasteras y precediendo una nueva ocasión de gol. El Valladolid era un flan, un queso gruyere y un espumoso sin carbónico. Todo en uno.

Y la segunda mitad no mejoró el aspecto del enfermo. El arreón de inicio era previsible, y encontrarse con el gol de Toni y mucho tiempo por delante debía haber sido una inyección de moral. Y lo fue hasta el grosero error de Masip. El cancerbero regaló el 1-3, en una de esas acciones que producen pesadillas a los porteros. El hombre que hasta ahora había dado puntos, tuvo que vivir el lado amargo.

Pero con todo el fallo del catalán no oculta el desbarajuste defensivo del equipo. El Leganés hizo lo que quiso, cuando quiso y como quiso. Y el Real Valladolid jamás encontró una llave con la que abrir la cancela pepinera, que vivió cómoda durante la mayor parte del tiempo y colocó al Pucela en el sitio que por presupuesto y refuerzos le corresponde: en la pelea por no descender.

 

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