El día que el Real Valladolid deslumbró en el Metropolitano

Los cuatro sudamericanos blanquivioletas lideraron la electrizante victoria pucelana

Saso y el delegado, Ángel Miguel del Barrio, camino del vestuario junto a Endériz, Benítez y Solé, casi tapado por el delegado del campo./
Saso y el delegado, Ángel Miguel del Barrio, camino del vestuario junto a Endériz, Benítez y Solé, casi tapado por el delegado del campo.
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

Recuperado el sitio entre los grandes, el Real Valladolid se convirtió en un equipo deslumbrante gracias al talento de los cuatro sudamericanos que José Luis Saso se trajo de Argentina y Uruguay. En realidad, la 'Operación Saso' la integraron cinco jóvenes valores: Julio César Benítez, de 18 años y figura emergente en las filas del Rácing de Montevideo y su compatriota Eduardo Endériz, de 19 años y titular indiscutible en las filas del Central de la capital uruguaya. Completaron el grupo tres argentinos del Huracán de Buenos Aires: el elegante central Juan Miguel Solé, de 21 años, el habilidoso extremo Héctor Ricardo Aramendi, de 22, y el centrocampista Juan José Bagnera, también de 22 años, un poco lento pero con una gran calidad técnica.

Benítez, el más cotizado, fue también el más caro -300.000 pesetas-, pero todo el bloque apenas superó el millón de pesetas, poco dinero para el gran rendimiento que ofrecieron todos, a excepción de Bagnera, que no pudo ser inscrito porque el cupo de extranjeros lo ocupaban Benítez y Aramendi. Fue cedido al Plus Ultra, en segunda división, pero allí no estaba a gusto, de modo que cruzó el charco en sentido inverso para enrolarse en las filas del Deportivo Español, que pagó 850.000 pesetas por sus servicios. Otro buen negocio para el Valladolid.

Los cuatro sudamericanos que se quedaron en Zorrilla se convirtieron en la atracción de la Liga y en ídolos indiscutibles de la afición vallisoletana. El poderío físico de Benítez, la brillante solidez de Solé, el incansable trabajo de Cacho Endériz y las genialidades de Aramendi, devolvieron la ilusión a la capital del Pisuerga y causaron estragos en no pocos campos enemigos.

Por ejemplo, en el Metropolitano, donde el Atlético de Madrid era uno de los aspirantes a ganar la Liga en aquella temporada 1959-60, hasta que le visitó el Real Valladolid el 31 de enero de 1960.

Aunque el nivel de sus compañeros fue notable aquel día, los dos goles de Aramendi le convirtieron en la estrella blanquivioleta
Aunque el nivel de sus compañeros fue notable aquel día, los dos goles de Aramendi le convirtieron en la estrella blanquivioleta

La rivalidad con el equipo colchonero venía de antiguo, desde que el Valladolid, que entonces estaba en tercera, lo eliminó de la Copa antes de la guerra, y volvió a hacerlo después, cuando el Atlético Aviación estaba considerado el equipo más fuerte de España.

El Atlético había ganado en Zorrilla (0-1) en la primera vuelta, pero como alternaba las de cal con las de arena, la directiva cesó a Daucik y encomendó a Villalonga la dirección del equipo rojiblanco, que recibió al Pucela convencido de su superioridad, especialmente después de que Peiró batiese a Estrems en el primer minuto de juego.

Pan comido, pensaron en las gradas, pero la respuesta blanquivioleta llegó en la siguiente jugada, empatando Ramírez a los dos minutos, haciéndose entonces notar los seguidores vallisoletanos, aunque después de aquel enloquecido comienzo, el partido entró un una fase de equilibrio sin más goles hasta el descanso.

Pero en la continuación se volvió a vivir otra fase trepidante con un gol de Aramendi a los 60 minutos, la respuesta de Peiró a los 62, y el nuevo zarpazo de Aramendi a los 64, que colocaba el sorprendente 2-3 en el marcador. Tras el protagonismo goleador del extremo argentino, tuvieron la ocasión de lucirse los otros tres sudamericanos haciendo inútiles los esfuerzos atléticos para cambiar el signo de aquel inolvidable encuentro, con la exhibición del equipo blanquivioleta en general y de los cuatro jóvenes fenómenos que Saso se trajo de Sudamérica, en particular.

Con el arbitraje de Ruiz Casasola, los protagonistas del partido de la vigésima jornada de Liga, fueron: AT. MADRID: Pazos; Rivilla, Callejo, Álvaro; Chuzo, Mendonça; Miguel, Adelardo, Vavá, Peiró y Polo. R. VALLADOLID: Estrems; Pontoni, Solé, Benítez; Matito, Endériz; Aramendi, Ramírez, Morollón, Mirlo y Zaldúa.

Con la dolorosa derrota, el Atlético de Madrid perdió sus últimas opciones de luchar por la Liga y quedó quinto, mientras que el Valladolid pagó la inexperiencia de muchos de los jugadores y las alegrías de su fútbol ofensivo, viéndose obligado a disputar la promoción de permanencia contra el Celta, que por cierto salvó con mucha holgura, pues empató a cero en Balaídos y goleó en Zorrilla (5-0) a los gallegos, que se quedaron en segunda un año más.

Pero ni que decir tiene que el triunfo logrado en el Metropolitano le supo a gloria a la afición blanquivioleta, pues a la satisfacción de ganar fuera se unía el morbo de hacerlo ante uno de los equipos del Foro, que era como desde provincias se conocía entonces a Madrid, capital de España.