El Real Valladolid despide en la Catedral un año glorioso

El turco Enes Ünal se lamenta en el último encuentro ante el Atlético de Madrid. /Villamil
El turco Enes Ünal se lamenta en el último encuentro ante el Atlético de Madrid. / Villamil

Cierra en San Mamés y ante un Athletic en crisis un 2018 para enmarcar. Sergio González podría dar entrada a Borja en el once titular para reforzar la defensa de los balones aéreos y las segundas jugadas

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Desde 2012 el aficionado no había vuelto a tener una temporada para el recuerdo. Un año redondo que llevarse a la boca. Uno de esos que sirven para restañar las heridas más recientes. De los que te convierten en protagonista el día de mañana delante de los nietos. Y 2018, el año que hoy se despide para el Real Valladolid en San Mamés, la Catedral del fútbol, pasará a la historia del club como uno de los más brillantes. Y no solo por consumar por fin el ascenso, el título de los pobres, sino por confluir una serie de acontecimientos que han venido a reforzar la estabilidad de la entidad blanquivioleta. La llegada de Ronaldo Nazário mediante, el año en el que se alinearon los astros será también recordado por el aficionado por el juego de su equipo. Y por ese viejo mantra cada vez menos frecuente de recitar de carrerilla la alineación de tu equipo.

Más insólito aún es que el once que se coreaba antes de verano en Zorrilla siga deparando alegrías tan solo unos meses después en Primera División. Para muestra, este botón: de aquel equipo que despidió la fase regular ante Osasuna el pasado 2 de junio podrían saltar hoy a San Mamés hasta nueve jugadores si incluimos tanto a Borja como a Moyano en la banda derecha –solo faltarían Hervías y Jaime Mata–.

Y no es descabellado que los dos se cuelen en la alineación, con más papeletas para Borja después de las pistas que dejó el técnico en su última comparecencia. A Sergio González le preocupa la vuelta del Athletic a su viejo estilo, de ahí que pudiera dar entrada a Borja para reforzar tanto los balones aéreos como las segundas jugadas del equipo vizcaíno. Más complicado es que Javi Moyano recupere su sitio en la banda debido al extraordinario rendimiento que está dando Antoñito en las últimas semanas, no solo en defensa minimizando al máximo el peligro rival por la derecha sino aportando llegadas como la que terminó en gol en el último partido a domicilio ante la Real Sociedad.

Menos dudas genera el resto de posiciones, con el mismo bloque y armazón que tanto rendimiento ha encontrado el técnico esta temporada, especialmente a domicilio. Con el turco Ünal como único delantero –Cop sigue siendo baja al no haber superado su proceso febril–, la convocatoria para San Mamés apenas presenta una novedad:el regreso de Joaquín.

El Valladolid se encontrará con un Athletic bien distinto al que empezó la temporada de la mano de Eduardo Berizzo, más alegre y generoso con sus rivales. La llegada de Gaizka Garitano al banquillo ha dotado al conjunto vizcaíno de una mayor solidez defensiva. El sistema de presión adelantada y marcajes al hombre pasaron factura al Athletic de Berizzo, aferrado a un modelo que no solo no terminó de cuajar sino que provocó un colapso de resultados que le costó el puesto y tiene a uno de los históricos de la liga en zona de descenso.

Aquel Athletic concedió 23 goles en 14 partidos, con una inquietante media de 1,6 tantos por semana. Solo el Valencia dejó de marcar a los rojiblancos durante la etapa del argentino. Un balance que contrasta con los tres primeros partidos del Athletic de Garitano –dos en Liga y uno en Copa–, sin goles encajados y, eso sí, con problemas para crear peligro en la portería contraria. El técnico se ha agarrado a la teoría de la manta y ha optado por descuidar la faceta ofensiva para tapar lo antes posible sus carencias defensivas. Aunque solo ha anotado un gol en dos partidos de liga –de penalti ante el Girona–, con Garitano suma ya cuatro puntos, además de recuperar la ilusión entre el exigente aficionado de San Mamés. Según reconoció ayer en la previa del partido ante el Real Valladolid, el modelo a seguir es precisamente el que se vio frente al Girona. Un equipo sin fisuras y aguerrido atrás que recupera el tradicional juego ofensivo del Athletic: mucho balón por las bandas en busca de buenos centros para que el delantero, en este caso Aduriz, sea quien acabe las jugadas.

Con las bajas de Rico y Lekue, y la duda de Yeray Álvarez –que ha entrenado a un ritmo menor esta semana–, Garitano quiere por encima de todo recuperar el juego por banda. «Depende de los futbolistas con los que juguemos, pero queremos habilitar la banda. Está claro que con las características del equipo, lo mejor es entrar por la banda, centrar y rematar. Es el estilo que mejor nos puede acercar a ganar. Pero también debemos tener otras variantes, por ejemplo si juega Williams», analizó ayer el técnico, para quien Iker Muniain –uno de los jugadores que más cobran de la plantilla– no es una prioridad en su esquema.

 

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