Real Valladolid y Eibar despreciaron el balón parado... Hasta que salió Verde

De las botas del italiano salió la única falta directa que lanzó el Pucela y los dos únicos córneres que el conjunto blanquivioleta no sacó en corto; y en las tres acciones hubo peligro

Kiko Olivas se lamenta en el suelo tras rematar un córner por encima del larguero en el descuento. /Carlos Espeso
Kiko Olivas se lamenta en el suelo tras rematar un córner por encima del larguero en el descuento. / Carlos Espeso
J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Si no picase tanto en los ojos ni oliese tan fuerte que es imposible sacarse el tufo mentolado de las fosas nasales, Kiko Olivas y Calero se hubiesen untado bien de linimento en la cabeza antes de empezar el partido frente al Eibar.

Poner la venda antes de la herida, ya se sabe, porque el equipo armero se presentaba en el Nuevo José Zorrilla como el conjunto que más veces había centrado al área y el segundo que más córneres había botado en los 11 primeros partidos de liga, así que los centrales pucelanos se predisponían a un encuentro en el que iban a utilizar la testa en repetidas ocasiones.

Extrañamente, pese al potencial que atesoran los de Mendilibar en el balón parado ya que 5 de sus 12 goles los han logrado con remates de cabeza, ayer optaron por seleccionar muchos los momentos en los que colgaban la pelota sobre los dominios de Masip. Los destilaron tanto, tanto, que tan solo apostaron por esta fórmula en dos de los cinco córneres que botaron y en ni una sola falta (de las cuatro más cercanas al área local que sacaron, dos las lanzaron directamente sobre la portería del catalán y otras dos las tocaron en corto, descartando colgar la pelota al primer toque).

Y el plan no les funcionó, como tampoco al Real Valladolid, que hasta la salida de Verde al campo en el minuto 60 no se había atrevido ni una sola vez a lanzar la pelota en busca de los centímetros de Ünal, Kiko Olivas o Calero, que subían a rematar pero se veían obligados a esperar a la segunda jugada para buscar conectar con el esférico.

El aterrizaje del italiano en el rectángulo de juego volvió a revolucionar al Real Valladolid, como lo hizo en el empate contra el Espanyol y en la Copa del Rey, partidos en los que anotó tres goles. Ayer estuvo en dos ocasiones a punto de repetir hazaña o de habilitar a un compañero para que fuese él quien inclinase el marcador hacia el lado blanquivioleta.

El napolitano, que ha sido convocado para jugar con la sub-21 de su país frente a Inglaterra y Alemania la próxima semana, estuvo a punto de marcar en dos ocasiones, acudiendo a su ya famoso disparo comabado. Aún sin entrar en el capítulo del balón parado, avisó con la zurda en un remate que se desvió por poco y justo después, en el minuto 73, lanzó una falta directa que se marchó por milímetros junto al palo derecho de la portería defendida por Asier Riesgo.

Temblaron los cimientos del equipo entrenado por Mendilibar y la grada de Zorrilla se puso a rugir porque Verde es ya el jugador más aclamado del equipo y siempre que sale da espectáculo.

Aún tuvo tiempo además para demostrar que los córneres son mucho más peligrosos si se colocan directamente y con intención sobre el área, aunque de vez en cuando una jugada ensayada también pueda ayudar a ver portería. En el 85 llevó el miedo al conjunto rival teledirigiendo un saque de esquina durísimo al área pequeña, pero no encontró rematador; y en el descuento hizo lo mismo, esta vez sobre la cabeza de Kiko Olivas, pero el remate del de Antequera se fue ligeramente desviado por encima del larguero.

Tal vez sean modas, tal vez los técnicos y analistas se estén volviendo locos pensando en cómo hacer más daño al rival cuando este defiende en zona dentro de su área, pero tanto el Eibar como el Real Valladolid (al menos hasta el 60) demostraron que intentar jugar el balón no es siempre la mejor manera de jugar al fútbol. Con clase aunque sin mucha fortuna, Verde refutó las teorías de los que más aman el toque. Solo le faltó el gol para sentenciarles.

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