Cuando El Real Valladolid se las vio con el Huesca en Tercera

En la temporada 1970-71, los periodistas que seguían al club estuvieron a punto de convertirse en noticia al regreso del partido

Un equipo del Real Valladolid de aquella temporada 1970-71, en tercera división. De pie: Llacer, Heredia, Santiago Gallego (presidente), Héctor Martín (entrenador), Juan Docal, Sedano, Pérez García y Endériz. Agachados: Astrain, Lorenzo, Álvarez, Lizarralde y Fede./
Un equipo del Real Valladolid de aquella temporada 1970-71, en tercera división. De pie: Llacer, Heredia, Santiago Gallego (presidente), Héctor Martín (entrenador), Juan Docal, Sedano, Pérez García y Endériz. Agachados: Astrain, Lorenzo, Álvarez, Lizarralde y Fede.
JOSÉ MIGUEL ORTEGAValladolid

La temporada 1970-71 fue una dura prueba para todos, jugadores, directivos, aficionados y periodistas. Después de haber tocado con los dedos el ascenso a primera en la 67-68, el Valladolid cayó dos años después en el impensable pozo de la Tercera División, con las arcas del club vacías, la afición de espaldas al equipo y sin una plantilla de garantías para afrontar aquella dura travesía del desierto.

Santiago Gallego, que ejercía la crítica deportiva desde las antenas de Radio Valladolid, dio un paso al frente y llegó a la presidencia de un club en la ruina económica y moral. No había otros argumentos que la juventud de los chicos del filial y la experiencia de los cuatro veteranos que decidieron no abandonar el barco: Lizarralde, Astrain, Gatell y Endériz.

Para respaldar la ilusión que pretendía contagiar el presidente, 'La Voz de Valladolid' y 'Radio Popular' decidieron retransmitir en directo todos los partidos del Pucela, lo que constituyó una dura experiencia para mí y para Juan Pascual, encargados de llevar a los aficionados las venturas y desventuras del equipo en aquella temporada. Campos de tierra, sin cabinas donde poder hacer nuestro trabajo, insultos y amenazas, situaciones surrealistas, como la vivida en la localidad turolense de Andorra, donde tuve que radiar el partido del equipo local contra el Valladolid desde la cocina de la casa del conserje del campo, entre sartenes y cazuelas, con la visión del campo que proporcionaba una pequeña ventana…

Además de las dos emisoras de radio también viajaban los enviados especiales de 'Diario Regional' y El Norte de Castilla, y como los desplazamientos eran largos e incómodos –no había aún la red de autopistas de hoy en día-, decidimos alquilar un taxi, un gran turismo se decía entonces, para efectuar los desplazamientos.

Uno de ellos, el más largo a excepción del de Tenerife, fue a Huesca, unos 500 kilómetros que se hicieron interminables no solo por la precariedad de las carreteras, sino por el temporal de frío y nieve que afectó al norte de España aquel fin de semana del 17 de enero de 1971.

Julio Cardeñosa tenía talento para regalar, pero le costó mucho adaptarse al fútbol-fuerza que imperaba entonces en tercera división. Aún así, marcó 5 goles, uno de ellos al Huesca aquel 17 de enero de 1971.
Julio Cardeñosa tenía talento para regalar, pero le costó mucho adaptarse al fútbol-fuerza que imperaba entonces en tercera división. Aún así, marcó 5 goles, uno de ellos al Huesca aquel 17 de enero de 1971.

En Huesca hizo frío y viento, soplaba el Moncayo decían los lugareños, pero la principal dificultad con que se toparon los discípulos de Héctor Martín, fue el campo de San Jorge, de tierra y duro como una piedra. Juan Pascual y yo estuvimos en la banda, sentados en una silla, porque allí se había instalado la línea microfónica, soportando el frío y las «cariñosas frases» de los aficionados locales. Se adelantó el Huesca en el primer tiempo y después, con el viento en contra, se sufrió para empatar a pesar de la calidad de una delantera formada por Fede, Lorenzo, Álvarez, Sedano y Cardeñosa.

Precisamente fue el Flaco el que acertó a batir al portero oscense cuando apenas faltaban ocho minutos para el final. Resultado justo porque el Huesca tuvo sus oportunidades y convirtió a Llacer, el futuro cuñado de Cardeñosa, en la figura del partido.

Hasta ahí, todo normal. Técnicamente el Real Valladolid era superior a la mayoría de los equipos de aquel grupo de tercera división, pero le faltaba adaptarse a la categoría para poder rentabilizar mejor sus virtudes. Hubo que sufrir hasta el final para alcanzar la segunda plaza, tras el Tenerife, que devolvería al conjunto blanquivioleta al lugar perdido.

Una vez que Pepe de la Fuente y Javier González enviaron sus crónicas a los periódicos, abandonamos sin mayores problemas aquel campo de San Jorge, que la siguiente temporada sería reemplazado por el Alcoraz, donde actualmente juega el conjunto aragonés, y nos pusimos en marcha a sabiendas de que nos esperaba un viaje de regreso complicado, por las inclemencias meteorológicas.

Cuando llevábamos apenas una hora en el coche comenzó a nevar con fuerza y aquello hizo cambiar el tema de conversación. Dejamos de hablar de fútbol para empezar a dar cada uno nuestro particular consejo al conductor, sobre cómo debía llevar el coche y conseguimos trasladar a Paco, que así se llamaba, nuestra intranquilidad, lo que desembocó en un clima de tensión que estalló cuando, una vez pasado Burgos, en uno de los pasos a nivel de la carretera, sentimos cómo el flamante Dodge Dart comenzó a dar extraños botes, como si se hubiera pinchado una rueda.

¡Lo que faltaba! ¡Cualquiera se baja ahora, con la que está cayendo…!

Haciendo de tripas corazón, todos salimos del coche junto al conductor para opinar sobre la avería, y nos quedamos perplejos al descubrir que no estábamos en la carretera, sino sobre la vía del tren y los botes eran provocados por las traviesas, no por un pinchazo como suponíamos. Por fortuna en plena noche no había mucho tráfico ferroviario, y lo que pudo ser una tragedia quedó en una anécdota para poder contar 47 años después.

Y de esas hubo muchas aquella temporada…

 

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