Un Real Valladolid en jersey

El autor del texto comparte su alegría por la permanencia del equipo en Primera

Sergio González da instrucciones a Guardiola en la banda de Vallecas. /Gabriel Villamil
Sergio González da instrucciones a Guardiola en la banda de Vallecas. / Gabriel Villamil
TONY POLA

Las pocas alegrías que nos da el hecho de permanecer fieles a un equipo modesto se viven, no obstante, de una manera vibrante. El pasado domingo todos los pucelanos, los de nacimiento y adopción, los que pudieron quedarse en Valladolid y los que no, gritamos y sufrimos ante el éxito de esta pequeña gran familia. Ha sido el año en el que todos nos hemos levantado ante las adversidades, comandados por un dirigente ataviado a su jersey de la suerte. No nos rendimos por tener el presupuesto más bajo, ni por llegar a primera tras 42 jornadas y un 'play off' agotador. La falta de gol y el mal rendimiento de nuestros atacantes al comienzo de la Liga tampoco nos lastró. Ni siquiera el maldito VAR, que tantas veces nos perjudicó y que en Girona nos echó una justa mano para conseguir la permanencia, nos tumbó.

Llegaron rachas malísimas en las que cuestionamos a Sergio. Perdón. Vinieron lesiones y golpes duros para Toni, Hervías, Plaza, Verde, Luismi… Hasta Masip pasó por una etapa en la que, cada vez que le llegaba un balón alto, temblábamos. El año en el que llegaron Ronaldo y su inversión muchos rezábamos con que la primera piedra del proyecto se pusiera en Primera División.

Ha sido un año para sufrir. De hecho, no hemos ganado ningún encuentro por más de un gol. Pero también ha sido la temporada en la que muchos canteranos han brillado en Primera y la afición, con sus recibimientos, himnos a capela, banderas y tifos, ha estado a gran altura. La comunión entre equipo y seguidores ha sido casi perfecta. Ese debe ser el gran cimiento sobre el que construir la oportunidad de asentarnos entre los grandes, primando a la gente comprometida. Sueño con que lleguen buenos fichajes como lo fueron Alcaraz o Guardiola. El tiempo incluso ha dado la razón a los que apostaron por Ünal. Confío en que el club se modernice con acciones como mejoras en el estadio, más 'merchandising', carné de simpatizante…

Tenemos por delante unos meses para ilusionarnos con la implantación de un plan serio, pero si algo hemos aprendido en las dos temporadas con Sergio es que ese proyecto debe asentarse sobre un equipo unido, algo tan obvio como difícil de conseguir. La mayor virtud del Real Valladolid reside en el grupo. Se puede crecer sin dejar de ser un conjunto donde pequeños detalles como una tortilla, una croqueta o un simple jersey nos saquen una sonrisa a miles de personas.