El Real Valladolid juega con mochila

El autor considera que la situación del equipo no es idílica, pero hay motivos para la esperanza

Nacho protege el balón ante Odriozola en el partido del pasado domingo en el Nuevo José Zorrilla./G. Villamil
Nacho protege el balón ante Odriozola en el partido del pasado domingo en el Nuevo José Zorrilla. / G. Villamil
CARLOS PÉREZ

Lo que hace un mes era improbable, hoy es lo más probable. No matemáticamente (aunque no andamos lejos ciertamente), sino emocionalmente. En la ciudad poca gente cree en la permanencia e incluso las casas de apuestas nos colocan entre los equipos descendidos para esta temporada. A mí me cuesta darme por vencido tan pronto. Primero porque cuando el diecisiete de agosto comenzábamos en Montilivi yo no pensé que fuésemos a estar mucho mejor de lo que estamos ahora. Y segundo porque me quedo con lo positivo que mi equipo me enseña cada partido.

La situación sin embargo no es idílica y no voy a decir aquí que lo es. Aquí parece que si no estás con el discurso oficial de que estamos en Segunda es porque te pagan cenas u otras prebendas, así que pienso que la tendencia es negativa y preocupante, pero en modo alguno estamos sentenciados. Y esto lo digo por eso positivo que me enseña mi equipo cada partido. En realidad nos lo enseña a todos, pero hay quien no quiere verlo porque se vive mejor contra Suárez o Ronaldo que a favor del equipo.

¿Qué es eso que nos enseña el equipo cada jornada? Pues mirad; en los últimos partidos donde la tendencia negativa se ha agudizado nos han enseñado que saben jugar al fútbol. Creo que hemos jugados muy buenos minutos en los últimos partidos. Y nos enseñan cada partido, incluso cuando jugamos mal, que el equipo está implicado, que quiere y que sufre. ¿Y si sabemos y queremos por qué no sacamos los partidos? Ojalá lo supiera. Hace menos de dos meses era pensamiento generalizado que nos querían descender y era el VAR el responsable de no ganar partidos. La semana que viene de hecho hará dos meses de aquella protesta con las cartulinas rojas. Y nos quejábamos de los árbitros no del juego. Nos preocupaba la sequía goleadora, pero estábamos contentos porque defendíamos bien, había un buen grupo y estábamos convencidos de la salvación. Nos preocupábamos más del marcador nuevo y del foso que de la permanencia.

Hay que recuperar eso. Y no está olvidado. Las primeras partes en Barcelona o contra el Betis y Real Madrid en casa son el camino. Nos falta volver a reponernos de los reveses. Volver a ser el equipo de Segunda que sabía que no íbamos perder. Volver a ser el equipo que remontó un tres a uno en Vigo porque sabíamos que éramos mejores. Y eso está en sus cabezas no en sus piernas o en Sergio.

Termino diciendo que de la misma forma que estoy convencido de que la primera media hora ante el Real Madrid fue consecuencia de cómo recibimos al equipo (se me siguen poniendo los pelos de punta cuando recuerdo el himno), tengo también el convencimiento de que esa mochila con la que jugamos cuando vamos abajo es por culpa nuestra y de esa manía que tenemos de hacer leña del árbol caído.