El Real Valladolid jugó contra el Espanyol como el que conduce por Shanghái sin retrovisor

Los balones a la espalda de la defensa hundieron al Pucela de los tres centrales

Kiko Olivas y Óscar Plano intentan parar una cabalgada de Wu Lei./LOF
Kiko Olivas y Óscar Plano intentan parar una cabalgada de Wu Lei. / LOF
J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Con 17 millones de personas habitando su área administrativa y más de 23 el área metropolitana, Shanghái es la ciudad más poblada del país más poblado del mundo: China. Solo hace falta echar un vistazo a algunos vídeos de Youtube o buscar fotografías de la ciudad para comprobar fehacientemente que conducir por sus calles es una auténtica locura con decenas de miles de coches, motos o bicicletas apareciendo de todos lados o cruzándose hacia cualquier dirección... Y en España la queja principal pasa porque muchos no utilizan los intermitentes...

Confiar en circular por Shanghái sin sufrir ningún incidente tiene mucho de fe y otro tanto de perspicacia y de control tanto de los retrovisores laterales como del interior para controlar todos los ángulos. Ayer el césped del RCDE Stadium no estaba tan poblado como el centro de la ciudad china, pero casi, y la defensa de cinco ideada por Sergio se dio cuenta, con el partido ya empezado, de que se había olvidado en casa los espejos, así que los puntos muertos a su alrededor se multiplicaron desde el inicio.

A los 18 segundos Darder y Borja Iglesias fueron los primeros en encontrar uno de ellos. El primero picó la pelota por encima de la zaga y el segundo la encontró en la espalda de Borja para batir Masip con una exquisita vaselina.

Malas noticias, pero no solo por el tanto, sino porque era la segunda vez de la liga en la que el equipo jugaba con esta disposición de inicio. En el Camp Nou la solidez duró 43 minutos; en esta ocasión, menos de una jugada.

Tras superar el susto, duplicado un minuto después por un mano a mano de Darder con Masip que resolvió el cancerbero con el pie, el equipo empezó a sentirse de nuevo tranquilo con el volante del partido en las manos y fue sorteando con bastante acierto el resto de la primera parte. Empató el choque con un gol de Alcaraz desde la frontal e incluso dispuso de un penalti antes de llegar al descanso para ponerse por delante, pero Diego López se impuso a Sergi Guardiola en la suerte máxima.

Tras la obligatoria y necesaria parada a repostar, los blanquivioletas volvieron a las andadas y a los diez minutos de la reanudación no supieron defender un balón colgado al área por los pericos que, tras un despeje fallido de Joaquín, cayó sobre Mario Hermoso, cuya marca olvidó mantener Enes Ünal.

Absolutamente solo, el exblanquivioleta fusiló a Jordi Masip para, cual taxista shanghaiano, llevar a los suyos con seguridad al frente del electrónico, un lugar que ya no abandonarían más en lo que quedaba de encuentro.

Entre todo este maremagnum de idas y venidas de jugadores, balones largos y pases en profundidad; en medio de un partido algo loco y con los dos equipos demasiado desordenados, fue el único chino sobre el campo, Liu Wei, el que sacó provecho de la situación, tal vez por ser el más acostumbrado a este alto volumen de tráfico, poco habitual en un partido del Real Valladolid. De nuevo Sergi Darder cogió el tiralíneas y dibujó una recta perfecta desde su pie hasta el sitio por el que iba a pasar el jugador asiático, colando el balón entre medias por detrás de Joaquín y lo suficientemente lejos de Moyano como para que el jienense pudiera hacer algo. Wei controló y batió por tercera vez a Jordi Masip y de un plumazo terminó de destrozar en un solo partido el ánimo de los jugadores blanquivioletas, el sueño de brillar con tres centrales y la idea de que acumular futbolistas en la última franja equivale a cerrar líneas de pase. Ayer no funcionó.