El Real Valladolid pierde en Leganés por su falta de ambición

Desolación total en los jugadores del Valladolid/G. Villamil
Desolación total en los jugadores del Valladolid / G. Villamil

Un gol de Carrillo en los segundos de prolongación deprime a un equipo que dio la cara en la primera parte y la perdió en la segunda

J. A. Pardal
J. A. PARDAL

Cabezazo a las ilusiones del Real Valladolid justo cuando los de Sergio tocaban un punto con los dedos. Testarazo a un sistema defensivo con tres centrales que funcionó hasta los últimos minutos del partido pero que se deshizo en la recta final, malherido ante los centros del Leganés en los que Masip tembló y que Guido Carrillo acabó por aprovechar cuando ya se habían superado los cinco minutos de descuento que había decretado Cuadra Fernández.

1 Leganés

ue ante 10.185 espectadores.

0 Real Valladolid

Masip; Antoñito (Keko, min.65), Joaquín, Olivas, Calero, Nacho; Óscar Plano (Moyano, min.92), Alcaraz, Míchel, Waldo (Verde, min.71); y Sergi Guardiola.

Gol:
1-0, min.95: Carrillo.
Árbitro
Cuadra Fernández (Comité balear). Amonestó a Míchel, Vesga, Carrillo y Moyano.

En una jornada con los marcadores de los partidos de los equipos de la zona de abajo cambiando en los últimos minutos, el Leganés-Real Valladolid no iba a ser menos y el damnificado fue el conjunto pucelano, demasiado reservón desde el descanso y colgado bajo el larguero en los últimos diez minutos. Cuando parecía que el partido se abocaba a un empate a nada, la fuente reventó el cántaro y los de Pucela vuelven de vacio, lo que convierte en fundamental el choque del domingo en Zorrilla ante el Sevilla, cuando lo deseable era llegar a ese día con los deberes de la semana ya aprobados y con vistas a luchar con los de Caparrós para obtener un sobresaliente.

En las grandes batallas, en aquellas en las que uno de los contendientes no es claramente superior al otro o en las que el resultado puede provocar que la guerra se vaya al traste irremediablemente, son más clave que nunca los frentes en los que se libran las pequeñas escaramuzas. La Liga, cuando le quedan tan solo ocho partidos por jugarse, se ha convertido en una de esas grandes contiendas para algunos equipos, entre ellos el Real Valladolid y en menor medida el Leganés, así que ayer en Butarque ambos se decidieron desde el inicio a elegir muy bien las zonas del campo en las que se guarecían y aquellas en las que se atrevían a desnudarse para ir a por el rival. En el comienzo del partido esa pelea practicamente no se dio, aunque por cantidad, que no por calidad, lo más importante pasó en la mitad ocupada por los locales.

El Leganés tenía la pelota pero no sacaba ninguna ventaja a su posesión y el Real Valladolid, acomodado en terreno propio con su esquema de tres centrales, no discutía ese statu quo. Cumplido el ecuador de la primera entrega las cosas empezaron a cambiar porque los pernos de las estructuras de ambos equipos empezaban a acusar la presión rival. Ahí empezaron a hacer daño el debutante Waldo y Sergi Guardiola, que con más corazón que acierto dispusieron de dos ocasiones cada uno de hacerle daño a Pichu Cuéllar. El delantero de Manacor no supo hacer bueno un gran centro de Waldo que colaboró con Nacho para robar la pelota en la medular y poco después el propio canterano empaló un balón tras un córner, pero su remate se marchó muy lejos de la portería. Los pepineros respondieron con otras dos ocasiones mal terminadas por Michael Santos antes de que los contendientes resolvieran darse un descanso hasta el paso por vestuarios.

Tras el descanso el partido se abrió y el VAR hizo acto de presencia, primero para ratificar la inexsitencia de un penalti de Kiko Olivas sobre Juanfran que no había señalado Cuadra Fernández y después ayudando a salir de su error al trencilla, que pitó mano a Joaquín en el área y después vio en el monitor a pie de campo que se había equivocado.

El Leganés pareció acusar el golpe quedando aún media hora por jugarse, pero el Real Valladolid no lo aprovechó. Renunció a aparecer en campo rival y fue poco a poco reculando hasta que, exhausto y cada vez más deshilachado, puso la espalda contra el pecho de Masip y se resignó a sufrir anhelando tres pitidos que determinasen el final del tiempo reglamentario sin que el marcador se moviera.

Las dos intervenciones del VAR, la lesión de Antoñito y los cambios hicieron al cuarto árbitro mostrar el cinco en el cartelón electrónico, y ojalá que el partido hubiera durando solo esos 300 segundos extra. Medio minuto más tarde, los pepineros celebraban y los blanquivioletas, rabiosos, veían como se les escapaba un punto que puede revelarse clave. Ojalá que no haya que volverse a acordar de este partido.