Al Real Valladolid se le quedó cara de tonto

El autor reflexiona sobre lo sucedido en Valencia tras el gol anulado a Óscar Plano

Los jugadores del Real Valladolid y el Levante junto a Jaime Latre en el partido del domingo en el Ciudad de Valencia./Ramón Gómez
Los jugadores del Real Valladolid y el Levante junto a Jaime Latre en el partido del domingo en el Ciudad de Valencia. / Ramón Gómez
FRAN ARRANZ

José María García, el periodista con el que toda una generación nos hemos acostado cada noche durante años, solía decir que lo peor no es perder, lo peor es la cara de tonto que se te queda. Y el domingo se nos quedó cara de tonto a todos, porque cuando a una silla le quitas una pata ya no puedes estar seguro de que no vayas a acabar en el suelo. Y la pata que le han quitado a la silla del fútbol es la de la alegría del gol.

En el fútbol de siempre, en el que jugábamos de pequeños con una pelota entre dos porterías hechas con jerséis, el gol era siempre válido salvo que se fuera muy alta, decisión que no se discutía. Siendo un poco más mayores, cuando empezamos a ir al campo, el gol era gol salvo que el árbitro lo anulara inmediatamente. Por eso, cuando veíamos al asistente correr hacia el medio del campo tras un golazo de nuestro equipo nuestra felicidad era completa. Y esa era una parte fundamental de la magia del fútbol.

Ahora cuando marcas ya no sabes si el gol valdrá o no valdrá hasta que no pasen unos minutos y el árbitro lo confirme con sus compañeros de Las Rozas. Y esto, que yo pensé que iba a corregir injusticias, la realidad es que no sólo no ha corregido nada, sino que ahora sabemos que dichas decisiones han sido adoptadas no sólo por un juez en unas décimas de segundo, sino por un jurado de media docena de árbitros y asistentes de video ayudados de la más alta tecnología disponible. Te sientes juzgado y condenado por el Tribunal Supremo y sin posibilidad alguna de apelación.

El derecho romano simplificaba la definición de la justicia en «la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno según su derecho». Ahora pienso si nuestro 'derecho' es ser golpeados una y otra vez. Lo que ningún árbitro sabe es que este equipo siempre se levanta del suelo tras recibir un golpe. Y que como dijo Bielsa aquella vez en Marsella, «si ustedes juegan así, como jugaron hoy, hasta el final del campeonato, van a tener el premio que merecen».

Y eso no lo va a poder impedir ni un árbitro ni media docena de ellos. Por mucha cara de tonto que se nos haya quedado este domingo.