El Real Valladolid se sube al 'partido a partido', como si fuera ayer

Moi accede a los Anexos en uno de los entrenamientos de esta semana. /Villamil
Moi accede a los Anexos en uno de los entrenamientos de esta semana. / Villamil

El cuerpo técnico da un giro a la agenda habitual para provocar un efecto similar al que terminó hace un año en ascenso de categoría. Se han reforzado los mensajes positivos, el diálogo y la unidad del grupo en busca de recuperar un estado de ánimo óptimo

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Tal día como hoy hace un año, Sergio González había completado su segunda sesión de entrenamiento y ya tenía medio elaborado el diagnóstico con el que atacar al paciente. El Valladolid había trazado una raya y se disponía a poner el cuentakilómetros a cero para enfrentarse a las ocho últimas jornadas del campeonato, undécimo clasificado a solo tres puntos de los puestos de promoción de ascenso.

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Tal día como hoy hace un año Javi Moyano, el capitán, salía a la palestra para apagar el pesimismo que reinaba en la ciudad y constatar dos de las leyes no escritas que impera en el mundo del fútbol. «El jugador se activa cuando hay cambio de entrenador. Los que juegan, porque quiere demostrar por qué son titulares, y el que no, porque lo ve como un clavo al que agarrarse para jugar», decía poco antes de aferrarse a la lógica que impone el cambio de jefe en la oficina. «Los resultados dirán si el cambio de entrenador ha sido oportuno».

Uno y otro, Sergio y Moyano, repiten un año después tesitura y se rearman en busca de soluciones en un escenario que no dista mucho de aquel. El Valladolid tiene siete finales por delante y el margen es tan estrecho como entonces, con los mismos puntos que el antepenúltimo clasificado (30) y a tres victorias y un empate –probablemente– del objetivo de la permanencia.

Visto con perspectiva y en su contexto, ambos retos tienen puntos en común. Mientras el Valladolid tiene hoy por delante una sucesión de finales en la que deberá medirse a cuatro de los siete mejores de la competición (Getafe, Alavés, Atlético de Madrid y Valencia), echando la vista atrás nos encontramos con un equipo que hubo de sortear los mismos obstáculos al enfrentarse con cinco rivales que figuraban entonces entre los seis mejores de la clasificación (Oviedo, Cádiz, Numancia, Zaragoza y Osasuna).

Misma carrera, idéntico premio... salvo por un aspecto que falsea el escenario. A diferencia del año pasado, esta semana no ha llegado al vestuario un técnico nuevo que modifique hábitos y cambie la dinámica y el estado anímico del grupo. La respuesta de Sergio no se ha hecho esperar y se ha afanado esta semana en prepararle a su plantilla un escenario que emule al del año pasado. «Hagamos como si no nos conociéramos y empecemos de cero, pero lógicamente sin tener que recurrir a un entrenador de fuera». El técnico quiere llevarse a sus jugadores al kilómetro cero. Meterles en el túnel del tiempo y quitarles un año de un plumazo.

De este modo, y apoyado en la experiencia que le ha reportado compartir vestuario a lo largo de su carrare con entrenadores como Joaquín Caparrós, Sergio ha puesto boca abajo su agenda habitual en busca de estímulos que hagan reaccionar a la plantilla. En Mallorca todavía se recuerdan algunas de las técnicas que utilizó Caparrós para motivar a los suyos en la temporada 2012/13, cuando llegó a proyectar un vídeo erótico en el vestuario antes de un partido ante el Athletic de Bilbao para provocar la reacción de su plantilla. Las técnicas, por lo tanto, son de lo más variopintas.

Los típicos mensajes motivacionales en el vestuario, los cambios de dinámica para salir de la rutina habitual de entrenamientos y un diálogo más estrecho y fluido con los jugadores ha convertido esta semana en distinta con respecto a las últimas que han vivido los jugadores. Todo en las últimas fechas conduce a recuperar el estado anímico del grupo después de los últimos golpes sufridos en el campo. También la comida programada el pasado miércoles en La Farola con la presencia del presidente Ronaldo Nazário ha venido a reforzar la motivación de los jugadores. Indirectamente, en esa misma línea se entienden los nuevos mensajes que acompañan a los jugadores en el túnel en su salida al terreno de juego –ajenos al cuerpo técnico y lanzados por el club hace un par de semanas–, y en los que se puede leer '26.000 corazones laten por ti', '26.000 gargantas rugen ahí afuera'.

Todos ellos gestos encaminados a cambiar una dinámica que en los últimos dos meses ha ido alejando al equipo de su objetivo final. Guiños que pretenden devolver al vestuario al punto de partida desde el que despegó hace ahora un año. Entonces, como ahora, le esperan siete finales con idéntico grado de dificultad.