El Real Valladolid suma un punto tiritando

El autor del texto analiza el choque entre los pucelanos y la Real Sociedad

Antoñito intenta robarle el balón a Theo Hernández. /G. Villamil
Antoñito intenta robarle el balón a Theo Hernández. / G. Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

El Real Valladolid descorchó el partido con euforia y vigor, pero las burbujas perdieron gas cuando el disparo de Keko besó la red. El termómetro del conjunto blanquivioleta fue entregando grados y los de Sergio terminaron tiritando cuando Willian José envió al desagüe un contragolpe con cuatro unidades vascas y una castellana. Era el tiro de gracia, pero el brasileño se cambió la camiseta, a Dios gracias. Antes de ese lance, el árbitro vio en el monitor del VAR un fuera de juego inexistente de Plano, que provocó el mismo efecto que gobernó el duelo, de la algarabía a la depresión en un suspiro.

Si guardamos la camiseta en el cajón, el empate representa el mal menor para el Real Valladolid. Y no solo por los últimos diez minutos de histeria y pasión, sino porque hasta el epílogo el equipo pucelano fue más Guadiana que Ebro. Tuvo un arranque brillante, pero luego perdió el balón y al bloque le invadieron las grietas. La Real Sociedad tomó el mando y el conjunto de Sergio se mató a correr dentro del rondo. Desaparecieron las virtudes y volvieron las dudas. Suerte que la Real no hizo diana antes. El cuadro castellano se partió por el centro y Sergio, con buen criterio, buscó la pausa que siempre aportan las botas de Míchel en lugar de la desbocada efervescencia de Verde, que corroboró de nuevo que lo suyo son las distancias cortas. Con el valenciano sobre el césped, el Real Valladolid recuperó criterio, pero no encontró la continuidad que pedía la batalla para desconectar el fútbol elaborado de la Real. Alcaraz destiló más penumbra que claridad, poca fluidez, y en los costados, Keko perdió energía tras el gol, mientras que Plano ahogó su juego en un par de destellos, además de provocar el auxilio del VAR en el gol de Olivas. Demasiado peaje para un equipo que no puede permitirse ninguna licencia si quiere conseguir el oxígeno que le falta. Zorrilla debe ser una caja fuerte y ayer reveló su combinación en demasiadas ocasiones.

La inercia del milagroso triunfo sobre el Eibar se esfumó muy pronto. Y cuando al final quiso desmelenarse, estuvo más cerca de besar la lona que de levantar el puño. Entre medias, al equipo le faltó estabilidad, profundidad y calidad por las bandas, contundencia en defensa. Moyano no puede perder la batalla y permitir el remate de Oyarzabal en el área pequeña. El Real Valladolid destila ansiedad y no es capaz de deshacer el ovillo con orden y determinación. Es lógico porque la soga aprieta, pero necesita volver a creer y que su empuje no dure un soplido. Sergio buscó soluciones, pero el armario se le quedó pequeño, sobre todo porque Ünal y Antoñito no provocaron la reacción que buscaba el técnico. A pesar del bofetón que representa no sumar los tres puntos en su estadio, el Pucela tiene que levantarse de nuevo para ganar en Leganés. No hay otra alternativa.