Fútbol | Primera División

Así resolvió Sergio el rompecabezas de la incapacidad del Real Valladolid para anotar gol

Leo Suárez se levanta del suelo tras anotar el tercer tanto blanquivioleta./Ramón Gómez
Leo Suárez se levanta del suelo tras anotar el tercer tanto blanquivioleta. / Ramón Gómez

El técnico blanquivioleta utilizó tres sistemas de juego diferentes para lograr los tantos con los que los suyos empataron en Vigo

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Existe una sentencia popular que determina que algunos seres humanos necesitarían (necesitaríamos) de un manual de instrucciones para ser comprendidos.

Si trasladamos esa afirmación a un juego como el fútbol, en el que 22 deportistas sobre un rectángulo de juego intentan llevar la pelota al fondo de la portería contraria dirigidos por 2 entrenadores, vigilados por 6 árbitros y jaleados por miles de espectadores (16.552 ayer en Balaídos); a ver quién es el valiente capaz de plasmar sobre un libreto una forma inequívoca de imponerse al conjunto rival.

Solo existe una máxima válida en este deporte: si metes más goles que el rival, ganas. Y en ello se empeñó con especial fuerza el Real Valladolid en el encuentro de ayer, en el que consiguió anotar tres, pero no puedo evitar recibir otros tantos, lo que indefectiblemente terminó con un empate en el marcador.

Para pisotear la mala racha de cara a la portería rival, con 360 minutos de absoluta sequía, Sergio decidió cambiar de guión una vez alcanzada la quinta jornada de liga. Colocó a Cop como delantero titular, en detrimento de Enes Ünal, y con Keko, Alcaraz, Míchel y Óscar Plano a su espalda.

La variación frente a los visto en los últimos encuentros no sirvió para mucho, porque a los 8 minutos de haber optado por esta configuración novedosa, los rivales ya se habían colocado con 2-0 y arrollaban a los visitantes, que se comportaban como si aún estuviesen echando la siesta en el hotel.

En la primera titularidad del croata Cop, el protagonismo ofensivo fue para aquellos que le guardaban la retaguardia. Alcaraz estuvo a punto de ser la cabeza de carnero que tumbase la puerta, pero el poste lo evitó. La testa de Óscar Plano sí que consiguió llevar la pelota a las mallas, convirtiendo en perfecto un centro de Nacho precioso y medido. 4 años, 4 meses y 11 días después, el Pucela volvía a celebrar un gol en Primera División que, por aquel entonces, aún no servía de nada.

Mientras todo esto sucedía en el rectángulo de juego, el entrenador del Pucela ya estaba loco por la música que sonaba en su cabeza y le animaba a cambiar de planteamiento otra vez. Calentaba en la banda Toni, una de las grandes ausencias en el once inicial del catalán.

Los planes de ataque pucelanos iban a modificarse. Se urdía algo magnífico en Balaídos y, tras el tanto de Plano, Toni era el siguiente ingrediente a verter sobre la cazuela en busca de la pócima mágica. En el 58 entró el de Lorquí, en sustitución de Keko. Plano pasó a al derecha y el murciano a la izquierda, con Míchel entre ellos canalizando todo el juego ofensivo.

Nueva variación sobre el guión y nuevo sopapo en el carrillo, con el tercer tanto del Celta, el segundo de Iago Aspas. Conseguir el primer gol era, por aquel entonces, como pagar la inscripción para una maratón: te asegura participar en ella, pero eso implica que tienes muchos trabajo por delante para completarla. Tocaba volver a coger las instrucciones sobre cómo batir la portería local, pegarles fuego y empezar a crear otras. Sergio prescindió de uno de sus tres mediocentros (Borja) y dio entrada a su otro delantero (Enes Ünal), pasando a un inédito 4-4-2 con dos delanteros puros, en lo que era su segundo dibujo táctico del partido.

Nueva configuración y también nuevo gol, porque el internacional turco tardó 9 minutos en anotar, gracias, otra vez, a un centro de Nacho, esta vez raso y al área pequeña. Con todo, ­–¡Maldita fortuna escurridiza!–, faltaba otro tanto para conseguir que el juego desplegado se viera recompensado con algún nuevo punto en el casillero. Difícil porque en la recta final del tiempo reglamentario, el balón fue propiedad del Celta, que quería empujar al reloj con su posesión para que corriese más rápido.

A 3 minutos para que terminase el partido, Sergio volvió a retorcer los raíles sobre los que viajaba el encuentro. Quitó del campo a Moyano y dio entrada al extremo Leo Suárez, que debutaba en Liga con el Pucela. 3 defensas, 5 centrocampistas y 2 delanteros. A eso se le llama quemar las naves. Para no faltar a la costumbre: otro dibujo y otro gol. Esta vez del menudo futbolista argentino.

Sergio tendrá el futuro laboral asegurado si algún día deja los banquillos: diseñar manuales de gestión de recursos. Aunque tenga que escribir tres síntesis diferentes en busca de su objetivo, asegura resultados, como demostró ayer.

 

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