Cuando el resultado siempre es victoria

El Real ValladoliDI disfruta de su primera participación en la Liga Genuine, diseñada para favorecer la integración del colectivo de personas con discapacidad intelectual

Jairo Prieto, Pablo Díaz (ayudante), Chuchi, Dani Rabadán (entrenador), Dani, apodado el 'Fary', Francisco Muñoz (delegado) y Santiago posan en el césped del estadio Zorrilla. / Alberto Mingueza
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Cada jueves Dani se enfunda los guantes y corre a la portería más próxima a la valla para sentir más cercano el aplauso de los familiares que se acercan a seguir los entrenamientos en los Anexos. Siempre ha jugado de portero, solo que antes costaba más. Dolía tanto el cemento del fútbol sala que ahora lo agradece tirándose en plancha, aunque el balón roce el banderín del córner.

A Jesús aquellos moratones le pillaron escalando montañas. Compaginaba entonces el piolet con la línea de 6,75, desde donde intentaba algún que otro triple antes de que, en el trabajo, los compañeros le animaran a calzarse las botas y probar con el fútbol. Poco o nada hubo que convencer a Jairo, que lleva años viendo partidos del Valladolid en compañía de su padre. Como buen extremo izquierdo, no pierde ripio de todo lo que se cuece en banda en Zorrilla, y especialmente de lo que cocina Pablo Hervías desde que ha llegado de Eibar.

El caso de Santi, refuerzo de invierno, también se remonta a las porterías pequeñas. Empezó jugando a fútbol sala, y cuando el colegio se quedó sin equipo, se tomó una temporada sabática antes de retomar la práctica deportiva. Tanto él como Jesús, Jairo y Dani forman parte parte de la plantilla del Real ValladoliDI, la primera que juega el campeonato Genuine, pensado, diseñado y organizado por la LaLiga para favorecer la integración del colectivo DI (personas con discapacidad intelectual). Una iniciativa que da sentido a la responsabilidad social del fútbol y dota de contenido a esa otra cara del deporte en el que la verdad reluce por encima de cualquier otro interés.

En este fútbol que abriga, totalmente ajeno al reverso en el que bucea el profesional, se resguarda un colectivo que nada sabe de piscinazos, cláusulas ni fichajes estrella. En este grupo todos son estrellas. «Legalmente secuestrados», como diría el personaje de Alice Gould en 'Los renglones torcidos de Dios', en este caso por su pasión por el fútbol.

«No se trata tanto de competir como de que los chicos hagan ejercicio. Aquí el resultado ya lo tienes antes de empezar a jugar», reconoce Dani Rabadán, entrenador y preparador físico también en el Juvenil B. Los valores que se observan en esta cara B del fútbol en nada se parecen a lo que transmite el deporte profesional. Sonríen, disfrutan, aprenden, conviven, comparten... y nunca pierden. «No tienen nada de maldad», apunta el técnico mientras recuerda aquel viaje de regreso desde Madrid en el que resonaban los cánticos tras encajar la primera derrota de la temporada. «O en las concentraciones, donde todos aplauden en el comedor cuando se va incoporando algún equipo»... O aquella otra ocasión en la que detuvieron un partido en pleno contraataque tres contra uno porque a este se le había desanudado la zapatilla.

Plantilla al completo del equipo que participó en la fase previa de Tarragona. Con ellos Toni, que acudió a visitarles aprovechando el parón liguero de esa jornada.
Plantilla al completo del equipo que participó en la fase previa de Tarragona. Con ellos Toni, que acudió a visitarles aprovechando el parón liguero de esa jornada.

La primera experiencia en la Liga Genuine tuvo en Tarragona su punto de partida allá por el mes de noviembre, cuando la organización evaluó el nivel de los 30 equipos participantes para dividir la competición en dos grupos. «Cuando me lo propusieron –recuerda el técnico– te paras a pensar cómo entrenar y qué tipo de metodología utilizar..., pero con el tiempo al final te vas dando cuenta de que es fútbol para cualquiera. No es tanta la diferencia como se pueda pensar». Aunque Dani había estudiado una asignatura vinculada a la discapacidad en la carrera de Ciencias del Deporte, se apoyó y contó desde el principio con la ayuda de Pablo Díaz, trabajador en los últimos cuatro años en la Fundación Personas y su actual ayudante. «Los entrenamientos no difieren mucho. Tienes que incidir mucho en la concentración y en que estén metidos, pero los ejercicios son de lo más variado. Les preparamos ejercicios de técnica, táctica y también físico», explica Pablo, quien reconoce en lo táctico el aspecto en el que más ha mejorado el grupo desde que empezaron a entrenar, y el físico el que mayor margen de mejora tienen.

«Lo que acusan más son los espacios, muchos habían jugado a fútbol sala pero nunca en un campo tan grande y hasta que aprenden y se hacen con los espacios les cuesta», apunta Paco Muñoz.

Aun así, reconocen, «con el deporte puedes conseguir lo que te propongas porque te lo da todo de forma más sencilla». La evolución desde que se reunieron el primer día es sustancial. Los que fuman, ahora fuman menos. Y hasta cuidan más la alimentación para llegar en mejores condiciones al día de partido.

Desde que visten de blanquivioleta se cuidan más y «alguno hasta fuma menos», reconocen

Son detalles del interés que despierta en todos ellos la responsabilidad de lucir la camiseta del Real Valladolid en una práctica que deja un puñado de beneficios. Por un lado, están los físicos, ya que mejora la orientación espacial, postura corporal, equilibrio estático y la coordinación, además de prevenir la aparición de enfermedades. También los psíquicos, al disminuir el grado de ansiedad, estrés o depresión, y mejorar la autoestima. Y en una tercera pata también arroja beneficios sociales al favorecer la integración y las relaciones interpersonales.

La mejor escuela de integración

En pleno debate por la supresión de los centros especiales, la que se ha creado en los Anexos es la mejor escuela para que este colectivo consiga las mayores cotas de convivencia social posibles. El salto de la normalización a la integración que se dio en los años 70 requiere ahora de iniciativas de este calado para reforzar su bienestar. «Se ha avanzado bastante y cada vez te encuentras menos familias de las de antes, reacias a que sus hijos practicaran deporte. Ahora con la película 'Campeones' se ha dado otro impulso a la normalización de algo que debería estar completamente asumido», comenta Pablo.

«Sobre todo hay que darles normalidad en el trato y nunca con paternalismos. A partir de ahí, se trata de ver el ritmo y capacidades de cada uno, y tener mucho 'feedback' con ellos. Darles explicaciones muy claras y no solo habladas, sino también con ejemplos para evitar que desconecten», sostiene Paco Muñoz, responsable también de distintos talleres de la Fundación Personas. En su mano, así como en la de Dani Rabadán y Pablo Díaz, descansa un buen porcentaje de los beneficios que se han conseguido con este grupo. Una labor de equipo que tiene más culpables en la figura de José Alberto Cabero (médico), Mar López (fisioterapeuta) y Ana Puente (responsable de la parte audiovisual y redes sociales).

De todos ellos será difícil que se olvide una plantilla mixta de veinte futbolistas –dos chicas–, que cuenta con un afectado por síndrome de Down  –el riosecano Sergio– y con una franja de edades muy amplia, entre los 18 de Javier y los 60 años que no aparenta Jesús Valverde, todo un ejemplo para el resto de sus compañeros por su intensa actividad deportiva (compatibiliza el fútbol con la natación, el baloncesto, el senderismo y las horas de gimnasio).

El vestuario, por lo tanto, lo integran Daniel Rodríguez, Benjamín Gutiérrez, Jairo Prieto, Gabriel Ortega, Alberto Burgoa, David Delgado, Elvira Martínez, Patricia Alonso, Alberto Llorente, Juan Carlos Bombín, Rubén de la Rosa, Javier López, Jesús Zurro, Jesús Valverde, Jonathan Cesteros, Jorge Sánchez, Jonathan Rodríguez, Sergio García, Roberto Lizarralde y Santiago de la Torre.

Son veinte, los mismos que aún mantienen la sonrisa de oreja a oreja desde que estrenaran por todo lo alto el autocar oficial del club, apenas diez días después de que lo hiciera el primer equipo el verano pasado. Los mismos veinte que preparan con la misma ilusión del primer día la próxima concentración que les llevará hasta Los Ángeles de San Rafael en el mes de abril.

Allí Dani se enfundará los guantes antes de apurarse en busca de la portería que más público concita. Jairo tratará de emular en la banda a Hervías. Y Chuchi, portavoz y el mejor relaciones públicas que tiene el vestuario, peleará por aumentar su cuenta goleadora para, quién sabe, captar la atención de los ojeadores y rascar un mejor contrato en la próxima edición de la Liga Genuine. Tal vez sea verdad lo que va pregonando y el Sporting se haya fijado en las habilidades que le hacen distinto a los demás. O no, y su futuro siga ligado a los colores que le hacen feliz. Los que se enfunda cada ve que sube a Los Anexos, ya sea a entrenar o a apoyar al Juvenil, al B o al C. A defender al club de sus amores.

Porque los clubes no deberían ser solo de domingos, igual que no deberían valer los puntos que tienen en la clasificación. Porque a un club se le permite descender, pero -parafraseando al periodista Pedro Simón- nunca se le debería permitir perder la categoría. Un club es algo más por ejemplos como el Real ValladoliDi.