sERGIO, PRIMER AÑO AL FRENTE DEL rEAL vALLADOLID

Renueva el articulista su total confianza en el entrenador, al que considera el único capaz de sacar adelante la permanencia

Sergio González/G. Villamil
Sergio González / G. Villamil
JESÚS MORENO

Era una matinal triste, encapotada, con ese tono gris con el que se colorea la rutina diaria, el que sumerge a Valladolid en esa melancolía que a veces impide distinguir si nos encontramos en primavera o en otoño. Era una mañana como la de ayer, como la de hoy. En esta ciudad, el cambio climático no se aprecia en un periodo de tiempo tan corto; ni el meteorológico ni el otro. El ambiente deportivo de hace un año no distaba tanto del actual. El aficionado, entonces como ahora, pensaba que le habían robado sus vivencias, su historia, sus sueños. Le habían robado el mes de abril delante de sus propias narices. Otra vez. Igual que la temporada pasada, y la anterior, y la anterior de la anterior…

El castellano, por lo general, cuando las cosas van mal tiene un deseo irrefrenable de cambio que actúa con la misma intensidad como la desconfianza que aquel le genera. En la misma proporción. Así, la llegada de Sergio González hace un año se tomó con escepticismo, entre la necesidad y la puntilla; entre la esperanza y la resignación; entre el alivio y el hastío.

Nada hacía presagiar que esa persona que llegó con el único objetivo de agitar el árbol como sinónimo de remover las conciencias y el orgullo, se convertiría poco tiempo después en el hombre milagro, el que resucitó al muerto, el que lo devolvió al reino de los cielos, de la Primera División. De aquella persona se pudo haber dicho en ese momento que poseía la capacidad de sanar con la mera imposición de las manos.

Hoy, un año después, nadie es capaz de recordar la proeza que hoy perdura. El Real Valladolid y su entorno están en una nueva fase autodestructiva, la que aparece puntual cada temporada, porque en este club todo se vuelve cíclico hasta cuando el destino cambia el guion. Sin más perspectiva que el resultado, sin importar la diferencia de presupuesto, de armas, o de talento, otra vez -como siempre que aparecen las derrotas- se vuelve a cumplir la máxima según a cuál uno es tan bueno o tan malo como lo demostró en el último partido.

Puedo entender las dudas pero no las comparto. Si este entrenador no puede, estoy seguro de que nadie habría podido. Sergio ha hecho un año en Valladolid. Y que cumpla muchos más.