La fe de Sergi Guardiola

El autor del texto advierte brotes verdes tras la última victoria del Real Valladolid en Eibar, y anima a convertir en fortín el estadio Zorrilla, donde se jugarán tres de los cuatro próximos partidos

Sergi Guardiola celebra el segundo tanto que dio la victoria al Valladolid en Eibar. /Ramón Gómez
Sergi Guardiola celebra el segundo tanto que dio la victoria al Valladolid en Eibar. / Ramón Gómez
TONY POLAValladolid

Después de tantas jornadas buscando un triunfo que espolease al Real Valladolid, la victoria llegó en una remontada tan infrecuente como celebrada. Dar la vuelta al marcador con dos goles en el descuento es algo que, según dicen los expertos en cifras, solo se había dado en cuatro de los cerca de 25.000 partidos disputados en la historia de la Liga. Algunos dicen que no es una victoria de prestigio, de esas que acaparan titulares lejos de Pucela, pero vencer a un Eibar que no perdía en casa desde noviembre del año pasado tiene que suponer un cambio de chip que nos motive a todos.

Lo escribo en plural porque todos necesitábamos esto: desde aquel recogepelotas extramotivado hasta el padre que abrazaba a su hijo nada más marcar Guardiola, un delantero que aporta y trabaja muchísimo. Ojalá este gol sea el primero de muchos (no anulados) con el Real Valladolid. Los tres puntos deben suponer un balón de óxigeno para el proyecto de Ronaldo y para que tipos como Verde se enganchen al final de la Liga. Esperemos también que hombres vitales en defensa como Calero o Masip hayan cogido confianza. El domingo hasta Duje Čop, a su manera y desde el banquillo, parecía totalmente enchufado, aportando al grupo como el que más.

Ahora tenemos por delante un parón de selecciones que debe servir para seguir trabajando y mejorando cosas, con la tranquilidad que dan esos tres puntos, pero sin relajarse. Debemos volver a hacernos fuertes en Zorrilla, feudo que va a albergar tres de nuestros cuatro próximos encuentros y seguir confiando en otro que ha salido reforzado, Sergio González.

Hay quien dice que otro técnico no haría mucho más con lo que tiene. Puede ser. Lo que sí tengo claro es que, gane o pierda, la plantilla parece comprometida. En pocos encuentros hemos dejado de luchar y el de Eibar debe ser un partido al que aferrarse para creer que la salvación es muy factible. Posible porque, hoy por hoy, hay conjuntos peores y porque el Real Valladolid es consciente de que tiene que pelear hasta la última jornada. Lo sabe y lo sufre desde el capitán de la plantilla hasta el que el domingo se dejó la voz acompañando a Guardiola en esa carrera eterna. La fe de Sergi, la rabia de Čop, esos abrazos en la grada y, por fin, un penalti marcado. Ojalá sean brotes que germinen en una salvación.