Sergio envía señales de aviso al Real Valladolid

El técnico blanquivioleta ha recuperado en los últimos partidos la indumentaria del ascenso, algo que no es baladí en un tipo tan supersticioso

Sergio y Marcelino gesticulan durante el partido del pasado sábado. /R. Gómez
Sergio y Marcelino gesticulan durante el partido del pasado sábado. / R. Gómez
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Sergio ha recurrido a su atuendo fetiche, el que repitió hasta que exprimió su garganta en la celebración del ascenso. Camisa de una marca chic y camiseta blanca como refuerzo interior. Es una advertencia de lo que viene. Es como si el técnico buscase los talismanes que le han dado resultado en el pasado para huir de las turbulencias que se avecinan si el Real Valladolid mantiene la dinámica que ha iniciado en las últimas jornadas, sobre todo en lo que hace referencia al fútbol y las sensaciones. Los resultados, mal que bien, van engordando la mochila, que no es poco, pero el envoltorio no debe esconder que el producto está perdiendo algunos de los ingredientes que le han conservado intacto hasta la fecha.

Un punto en Valencia representa un ejercicio de mucho mérito. Eso es indudable. Pero si nos detenemos en el camino para conseguirlo, la intranquilidad asciende, porque el resultado lógico habría sido un 5-1. Y si echamos la vista a los últimos partidos del conjunto blanquivioleta, no me extraña que Sergio tire de amuleto. Estoy en la línea argumentaria que avanzaba mi compañero, Eloy de la Pisa, tras el choque de Mestalla. Hay que dejar trabajar a Sergio y mantener la calma. El técnico y los futbolistas se lo han ganado a pulso y han demostrado, al menos hasta ahora, que tienen brazo para resistir el viaje, pero no está de más examinar las causas del deterioro y aplicar los remedios, incluidos los institucionales en forma de refuerzos, para que el tsunami no toque tierra.

Es evidente que el cuadro castellano transita por el típico valle, físico y mental, que atraviesan todos los equipos durante algún tramo del curso. Lo preocupante es que esta cuesta abajo se prolongue demasiado y meta definitivamente en el fango a los de Sergio. El conjunto blanquivioleta acumula deficiencias en las tres líneas. Solo Masip mantiene el punto dulce. La defensa ha perdido prestaciones. No hay más que ver a Calero llegar tarde al despeje del penalti que erró Rodrigo. El centro del campo ha perdido frescura y solo la entrada de Míchel mejoró la fluidez. Alcaraz y Anuar aportaron trabajo, pero fabricaron un fútbol hosco, previsible y sin imaginación. Falta continuidad en el ejercicio de control y pase para ganar profundidad y recuperar la precisión que esquive presiones asfixiantes como la que propuso el sábado Marcelino. Las bandas tienen menos punch, desborde, filo. De la vanguardia, nada nuevo bajo el sol. Nada, al fin y al cabo. Con estos parámetros y poco recambio en el armario, la dirección deportiva y el técnico deben afinar en el mercado recién abierto para dar respuesta a las evidencias que destila la plantilla. Por cierto, percibo a Sergi Guardiola muy lejos de ser el 'nueve' resolutivo que mejore a Ünal y Cop, al menos por lo visto en Getafe.

 

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