Sergio: el hombre tranquilo, el hombre de club

Sergio González, en un entrenamiento en los Anexos del estadio Zorrilla. /Rodrigo Jiménez
Sergio González, en un entrenamiento en los Anexos del estadio Zorrilla. / Rodrigo Jiménez

No ha levantado la voz en ningún momento, trabajando con los mimbres que ha tenido en cada momento. Una manera de ser y de hacer con la que se ha ganado el favor de sus jugadores y del aficionado. Su balance en el banquillo es de 8 victorias, 4 empates y 4 derrotas en 16 partidos desde que llegó en abril

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Hace seis meses nadie quería estar presente cuando tuviera lugar el entierro. Se barajaron no pocos nombres, y todos ellos pasaron de largo. Nadie quería arriesgarse a certificar lo que parecía la crónica de una muerte anunciada. Solo él apostó por tirarse a una piscina que apenas cubría los tobillos. La oferta era muy poco tentadora: ocupar el banquillo siete semanas y solo en caso de alcanzar el 'playoff' de ascenso su contrato se renovaría automáticamente un año más. Antes de firmar, el Real Valladolid vagaba sin pena ni gloria en el undécimo puesto, a solo tres puntos de la ansiada promoción pero a un mundo de distancia en juego y sensaciones. El resto de candidatos había huido ante la imposibilidad de firmar una temporada más pasara lo que pasara en los meses de abril y mayo.

Sergio González no. El de Hospitalet, 28 meses en el dique seco con el banquillo de la selección catalana como única alegría, dio un paso adelante y aceptó el órdago. Arriesgó sin saber qué cartas tenía. Y no solo le salió bien sino que, en la misma mano, se ganó la confianza de la plantilla y la credibilidad del aficionado, además de crédito para avanzar en su proyecto en Primera. Un crédito que en fútbol es finito, eso nadie lo pone en duda, pero que en su caso le ha reportado un margen considerable para lo que se estila en este deporte. La confianza expirará ahora el 30 de junio de 2020.

La apuesta ahora se antoja por parte de la entidad vallisoletana, toda vez que anuncia la renovación con el equipo en penúltima posición, solo mejor que el Leganés. No cabe duda que el anuncio es un claro mensaje de estabilidad directo al vestuario después de un comienzo de temporada titubeante, en el que el equipo de Sergio González es el único de la categoría que aún no ha estrenado su cuenta goleadora.

La confianza depositada en el técnico es otra muestra más de la coherencia con la que se ha empleado Ronaldo Nazário desde su desembarco en el club. No ha dado ni un solo paso en falso el nuevo dueño, conocedor como hombre de fútbol que es, de que la tranquilidad en los momentos delicados es un valor poco preciado que sin embargo suele dar réditos a largo plazo.

Fiel defensor del trabajo de cantera, Ronaldo valora muy firmemente la valentía que ha demostrado el técnico desde que llegó al club. No solo dio la oportunidad de renacer a jugadores que habían perdido la confianza del anterior técnico, caso de Anuar o Toni, sino que ha seguido contando con ellos en Primera División. Hasta siete fueron los jugadores que debutaron en la máxima categoría en Montilivi –ya en el Espanyol hizo debutar al portero Pau López y a Eric Bailly, hoy en el Manchester United–.

Ni una mala palabra

Independientemente de que el club pudiera satisfacer al técnico con sus peticiones por el límite salarial y las limitaciones presupuestarias que sufre, Sergio González no solo no ha elevado la voz en ningún momento sino que ha seguido preparando la plantilla con los mimbres que tenía entre manos en cada momento –debutó en Girona, por ejemplo, con la plantilla sin cerrar y Chris Ramos como referencia ofensiva–. Ni una mala palabra de un entrenador de los denominados de club que ya en su día hubo de soportar los caprichos de un cambio accionarial. Fue en 2015 como técnico del Espanyol cuando la llegada de un grupo empresarial chino le apartó del banquillo con el equipo blanquiazul en duodécima posición, renqueante por una notable pérdida de potencial. De aquella primera experiencia como técnico de elite –después de dirigir al Espanyol B– extrajo enseñanzas que le han servido en su posterior paso por el Real Valladolid. Una de ellas, sin ir más lejos, es la de adaptar el dibujo al tipo de jugadores que dispone. Si hoy se habla del equipo de Sergio como el menos goleador de la competición, en su día, y con una plantilla en la que militaban Caicedo, Stuani y Sergio García, convirtió al Espanyol en el séptimo que más marcaba en Primera.

Así, con un sistema flexible, supo revertir en apenas días la situación de una plantilla que vagaba por la Segunda División sin una idea de juego reconocible para meterla primero en promoción y convertirla en inexpugnable en el propio 'playoff'. Hasta ese 13 de junio, su carta de presentación era de 8 victorias, 2 derrotas y 2 empates. Un bagaje al que hay que sumar ahora los dos empates y las dos derrotas encajadas en este inicio liguero en Primera División.

Sergio, el hombre tranquilo, el hombre de club, ha agradecido en las últimas horas la confianza depositada en su trabajo. «Feliz, muy feliz de poder comunicar mi ampliación de contrato con el Real Valladolid hasta el 2020. Muy contento y agradecido a la entidad (Miguel Ángel Gómez, Carlos Suárez y Ronaldo) por reforzar de manera contundente su apuesta por nosotros», escribe el técnico en su cuenta de Twitter, agradeciendo también el trabajo de sus ayudantes Antonio López y Diego Ribera, el compromiso de los jugadores y el apoyo de la afición.

 

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