Nada es para siempre

Los jugadores y la afición del Real Valladolid, durante las celebraciones del ascenso./G. Villamil
Los jugadores y la afición del Real Valladolid, durante las celebraciones del ascenso. / G. Villamil
CARLOS PÉREZ

Recuerdo aquel 23 de abril de 2007 celebrando aquel fabuloso ascenso del Pucela de Mendilibar. Estaba esperando el paso de la Leyenda del Pisuerga por el embarcadero del Pabellón Pisuerga cuando mi mujer me dijo que no entendía por qué la ciudad estaba así. Yo la miré y le dije: «Marta, estamos así porque no sabemos cuándo vamos a volver a celebrar algo». Pensé en otros once años en Primera, alguno de ellos pasando apuros y en vivir en eso que ahora se llama zona de confort. Quizá alguna celebración de una permanencia agónica, pero esas celebraciones son más una muestra de alivio que una alegría verdadera. Lo hacía consciente de que otro descenso nos podría llevar a una larga estancia en Segunda o peor aún a vivir casos como los del Oviedo, o el Málaga. Y como las avestruces, prefería esconder la cabeza y pensar que eso no iba a volver a ocurrir.

Y ocurrió. Y volvimos a ascender pasados tres años. Quizá aquel ascenso por la forma de conseguirlo, fue el que más he disfrutado incluyendo este último. Otra estancia en primera esta vez más corta. Como el Cádiz de los ochenta nos habíamos convertido en un equipo ascensor, algo muy duro para un equipo que en las dos ultimas décadas del siglo pasado sólo había vivido un año en Segunda. Pero en la vida en general y en el fútbol en particular, el hombre propone y Dios dispone. Y no hablo de Messi. Hablo de que nos íbamos a segunda cada año que se hacía un proyecto deportivo pensando en crecer. No en vano, dos de esos descensos llevan dos de las cifras de abonados más altas de la historia respaldando esos proyectos.

Hoy volvemos. No peco de ingenuo como aquel 23 de abril y sé que podemos volver pronto a Segunda División. Nuestra historia más reciente y los avatares de muchos de los equipos históricos que ahora no están en Primera me hacen ver que nada es eterno. Se trata de entender que si las cosas van bien hay que disfrutarlas y si van mal... Nada es para siempre.

Llevamos cuatro años esperando este día y yo personalmente lo vivo con mucha ilusión. Muy lejos de la zozobra de alguno por no tener el equipo terminado, nos presentamos en Gerona con un equipo de garantías (que pienso que hay que completar). Últimamente, los equipos que ascienden no suelen descender porque la Segunda te enseña a sufrir y porque la ilusión juega con el doce a la espalda. Contagiados por el ambiente de los tres últimos partidos en Zorrilla y con el compromiso de unos jugadores que no dejaron de creer, empezamos una liga que llevamos esperando mil quinientos cincuenta y dos días. Y estrenando el VAR. Pero eso es para otro día.

 

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