El socorrido mal momento del Real Valladolid

Los problemas del equipo vallisoletano no están solo en el ataque, pero nadie parece querer percatarse de que el agujero ahora está atrás

El socorrido mal momento del Real Valladolid
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Decía Carlos Pérez este pasado viernes en estas mismas páginas que, como aficionados, somos cada vez más ciclotímicos. Una afirmación certera. Sucede que no solo nosotros los somos: es un mal de la sociedad en general, que se acentúa en el fútbol. Y es suficiente con echar un vistazo a lo que pasa alrededor para comprobarlo. Internet, las redes sociales, la velocidad a la que gira el mundo, nos ha convertido en seres con escasa capacidad de reflexión y con lo que parece una incapacidad genética para tomar perspectiva de lo que acaece. Igual que el mediapunta debe en ocasiones frenar el contragolpe para encontrar cual es el pase que va a dejar en mejor situación al compañero, los aficionados deberíamos olvidarnos muchas veces de lo último que ocurrió para intentar ver con perspectiva lo que está ocurriendo.

Es evidente que el Real Valladolid no está pasando por el mejor momento de la temporada. Y sabíamos que tarde o temprano esto iba a pasar. Pero nos habíamos creído que lo que el sentido común dicta, el bajón de juego, iba a pasar tarde o temprano. Lo soprendente es que nadie parece darse cuenta de que igual que estuvimos mejor que nadie y ahora estamos atrancados, volveremos a estar muy bien en unas semanas. Pero, claro, esto último no deja se ser un futurible. Y los futuribles molan poco.

Así que lo que ahora toca es dejar trabajar a Sergio y a su equipo. Y, sobre todo, recuperar la solidez defensiva. Porque se habla mucho de la falta de gol, de que si han de venir delanteros o jugadores que marquen diferencias, pero poco o nada se dice de que desde el partido ante el Eibar no se ha vuelto a dejar la puerta incólume. Y ese, exactamente ese, era el gran secreto del Real Valladolid de septiembre y octubre. Recuperarlo, y ahí está el problema, no se logra en una semana. Defender bien es una cuestión de muchas sutilezas unidas. Y no es fácil.

 

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