La solidaridad del Real Valladolid solo la rompió un pelotazo de Vinicius

El Pucela anuló las bandas del Real Madrid hasta que el extremo brasileño se alió con la espalda de Kiko Olivas

Moyano se duele de una fuerte entrada de Vinicius./R. Gómez
Moyano se duele de una fuerte entrada de Vinicius. / R. Gómez
J. A. Pardal
J. A. PARDAL

Son cuatro, pero a veces parecen cuatrocientos. Así se las gasta el Real Valladolid, un equipo solidario por definición en el que Moyano, Antoñito, Nacho y Toni Villa demostraron (una vez más) que ayudar al de al lado una y otra vez hasta que el corazón esté a punto de salirse por la boca siempre le reporta beneficios al conjunto. Juntos amargaron la tarde a Asensio y Bale pero su trabajo acabó por marcharse por el sumidero cuando Vinicius le pegó un pelotazo en la espalda a Kiko Olivas, en el que se convirtió en el primer gol blanco y que llegaba en la segunda oleada de monopolio futbolístico del Real Madrid.

El equipo blanco, muy mermado en defensa, alineó en su flanco derecho a Odriozola y Gareth Bale y en el izquierdo a Reguilón y Asensio, que no hicieron prácticamente ningún daño en ataque porque las ayudas entre sí de los blanquivioletas eran dignas de estudio.

Si Moyano no era capaz de seguir a Asensio, potentísimo con el balón en los pies, Antoñito le echaba un cable. Si Nacho se enfangaba en la esquina con Bale, la pierna de Toni siempre aparecía para obstaculizar la salida del galés. Y funcionaba, así que los extremos merengues optaron por cambiarse de banda, para que Bale buscase dejar atrás en velocidad al bravo lateral derecho blanquivioleta. No lo consiguió, porque el equipo de Sergio juntó mucho las líneas y nunca descuidó su espalda. Si los balones largos les hicieron daño en el arranque del encuentro; Kiko Olivas y Calero espabilaron y comenzaron a estar más atentos para cortar todo lo que se pudiera filtrar entre ellos y sus compañeros más pegados a la línea de cal. Más y mejores ayudas y un doble chute de solidaridad; lección de trabajo colaborativo (un término tan de moda)

Las cosas marchaban relativamente bien para el Pucela cuando solo quedaban 20 minutos de partido, así que Solari decidió dar relevo a ambos atacantes para probar suerte en la recta final del partido con Lucas Vázquez y Vinicius, que terminó por ser el verdugo accidental de la idea pucelana.

Accidental porque no ejecutó a los visitantes trenzando jugadas magistrales, cosa que no logró, sino porque se atrevió a probar suerte con un disparo escorado, algo que no habían hecho los jugadores que habían atacado el ala derecha blanquivioleta. Caracoleó, fue hacia dentro y soltó un disparo que cogió banda más que portería, pero que rebotó en la espalda de Kiko Olivas y terminó por colarse en la portería. Jordi Masip, pese al cambio de dirección de la pelota, estuvo a punto de detenerla. Mala suerte y bajón para los jugadores, que no supieron ya recuperarse del golpe en lo que restaba de partido (era el minuto 83).

Cuatro minutos después Calero zancadilleaba a Benzema dentro del área y Ramos convertía en gol un penalti que ya no tenía historia.

Hay pocas derrotas que refuerzan, pero la del Pucela en el Bernabéu fue de las más constructivas que se hayan visto nunca. No se trajeron puntos a Valladolid pese a merecerlos, pero su idea de juego ni siquiera se tambaleó frente a un equipo que atesora algunos de los mejores talentos futbolísticos del mundo. El Real Valladolid será recordado como el equipo al que Vinicius le hizo su primero gol en Primera (Gil Manzano se lo apuntó a él en el acta), pero los seguidores merengues no olvidarán que el Pucela hizo temblar hasta el larguero de su fondo norte.

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