Una tela de araña a tener en cuenta

Leo Messi, rodeado de rivales, busca un hueco para disparar. /AFP
Leo Messi, rodeado de rivales, busca un hueco para disparar. / AFP

El sistema de tres centrales dejó buen sabor y alguna que otra pista para próximos compromisos, pero urge que llegue el gol cuanto antes... y para quedarse

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Pocas sesiones pero ante un rival de consideración puede ser suficiente para determinar que, con sus lógicos matices y ajustes, la defensa de tres centrales puede resultar eficaz en un futuro. Conviene no aparcarla en el cajón y mientras se regresa el habitual 4-4-2, ir puliendo algunos detalles que chirriaron en el Nou Camp y que, sin embargo, pasaron inadvertidos por la falta de puntería del Barcelona. Un tornillo aquí y una vuelta de tuerca allá, y el sistema de cinco estará listo para plantear problemas al próximo grande en cruzarse en el camino. ¿Por qué no ante un rival de menor entidad?

El Valladolid se demostró ayer que puede sacar beneficio a otras alternativas hasta ahora desconocidas. Con tres centrales del nivel de Calero, Olivas y Joaquín, y el grado de sintonía y compenetración mostrado ante el líder de la competición, Sergio puede respirar tranquilo y echar mano en cualquier momento de la defensa de cinco para dar más sustos.

La realidad es que con dos tercios de campeonato a la espalda, el Valladolid puede presumir de muchas cosas, pero sobre todo de haber tuteado y competido contra todos los grandes de la liga. Lo hizo en el Bernabéu con todas las armas, plantó cara también en Sevilla, al Atlético de Madrid le puso contra las cuerdas, y del Barça solo le han separado dos goles. El marcado por Dembelé en Zorrilla y el que se apuntó ayer Messi de penalti, en un duelo al que acudió teóricamente desarmado por las bajas. A su descaro solo le falta poner la guinda. La que tanto peso y tantos ceros se lleva el talonario en el mundo del fútbol. ¿Qué falta para arañar puntos a los grandes?, le preguntaban al técnico horas antes de viajar a Barcelona. «El gol», respondía arqueando las cejas.

Una suerte que a medida que tiramos hojas del calendario se va encareciendo más y más. En las cinco últimas jornadas, agua en el campo del Levante, más agua en Huesca, otro cero ante el Villarreal y sin noticias del gol en el Nou Camp. Fue contra el Celta –¡hay que ver como está este Celta!– el último oasis que ha festejado el equipo de Sergio.

Urge que Sergi Guardiola empiece pronto la cuenta que no hace tanto cifró a este periódico en siete goles. Visto lo visto, esos siete se cifrarían en puntos para huir de la quema lo antes posible. El camino atrás, desde luego, está perfectamente enfilado con uno de los mejores porteros de la categoría como sostén.

En la piscina que muchos intuimos ayer había agua, y la defensa de tres centrales funcionó como si se hubiera trabajado como el Girona o el Sevilla de Machín. En el debe, el experimento también sirvió para comprobar que jugar con dos delanteros no es buen negocio.