El tiempo soñado

Reflexiona el articulista sobre el cambio del equipo, motivado por un correcto orden de los jugadores sobre el campo

Ontiveros supera a Carmona. /G. Villamil
Ontiveros supera a Carmona. / G. Villamil
JAVIER YEPES

Son de esos medios tiempos que todos los entrenadores soñamos alguna vez que juegue nuestro equipo y que de vez en cuando, solo de vez en cuando, vemos cumplido tan anhelado sueño.

Me estoy refiriendo a los primeros cuarenta y cinco minutos que el Real Valladolid jugó, para deleite de todos los aficionados, frente al Sporting de Gijón en el primer partido de la fase de ascenso a la categoriade oro de nuestro fútbol.

Algo que un Zorrilla abarrotado por casi veinticuatro mil aficionados presenció expectante, gritón y alborazado, para rendirse finalmente a la causa cuando el equipo ganaba el tunel y cerraba una primera mitad para el recuerdo. La inteligente decisión del entrenador de dar entrada a Anuar por el lesionado Michel dejaba claro que es de los que comulga con la vieja idea de que un cambio que mueve dos líneas nunca es bueno.

Y el chaval le devolvió la confianza con creces, porque es jugador y además medio volante.

La otra seña de identidad, quizás la mas principal, de este nuevo equipo, es precisamente eso: la de parecerlo y demostrarlo.

Si buscamos la mejoría en defensa, el asentamiento de los centrales y una mayor consistencia en esta tarea por parte de todo el equipo, búsquenlo en la dirección.

Ahí encontrarán esa pausa que exhibe su juego, una tranquilidad y confianza en sus acciones propia de quien se lo cree y, por tanto, lo realiza de la forma mas natural.

Ahora parece que el equipo llevara jugando con los mismos desde hace siete meses y además haciéndolo de esta manera.

Ese es el mérito del entrenador, el darle su sello de personalidad y las claves de identificación para que se sepa quien es el autor intelectual de la obra.

Ayer, centrándonos en la segunda mitad ¿quien pensó al encajar el gol Masip que el equipo se disolvería como un azucarillo como hace bien poquito ocurría?

Hoy somos otra cosa diferente, y como no nos queremos acordar de aquellos malos momentos, ahora mismo la idea de pasar la eliminatoria se da por lógica.

Sin embargo, conviene bajar a la arena de la humildad, el sacrificio y la pelea antes de dar nada por hecho.

El Sporting se lo juega todo a una carta. Pasemos a grande, chica y pares, y llegados a juego ¡órdago!

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