Tierra de dos cosechas para el Real Valladolid

Esta plantilla ha hecho bueno el himno del Pucela: el escudo ha sido abrillantado con orgullo, honor, honra y respeto

Tierra de dos cosechas para el Real Valladolid
Joaquín Robledo
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

Él nunca lo ha visto; jamás, en sus casi ochenta años, ha visitado aquellos países, pero sus paisanos que tomaron el camino de la emigración allende los Pirineos le hablaban y no paraban acerca de la fertilidad de aquellas tierras lejanas, más aún si las comparásemos con las de aquí, parcas, mucho menos generosas. Estas referencias habían hecho mella en el pensamiento de Fortunato de forma tal que le habían provocado una especie de sentimiento bastante similar a la sana envidia que afloraba en cuanto la ocasión lo hacía propicio.

– No podemos comparar nuestros campos con los de Francia, Bélgica y todos esos países de por ahí. De sus tierras Los agricultores de alli sacan dos y a veces más cosechas.

En las palabras de Fortu no había aparecido, eso sí, síntoma alguno de admiración sobre sus colegas del norte.

–A ver, no es que lo hagan mejor que nosotros, simplemente el 'tiempo' es mucho mejor y llueve mucho más que aquí. Y como ganan más pues se pueden permitir tener mejores maquinarias. Por eso allí son ricos y reciben gente y de aquí se van casi todos. A lo más que aspiramos es a sobrevivir.

Las tierras con las que el Real Valladolid arrancó la temporada pasada no tenían buena pinta. Más allá del típico arreón de optimismo inicial y una efímera ilusión que se borró tras la primera media docena de partidos, la temporada transcurrió sin apenas lluvias. Pero de repente, cuando la cosecha parecía echada a perder, llegó el zahorí Sergio González y fue capaz de encontrar agua donde nadie la veía. La siega, un par de meses después, no solo se apañó sino que fue fecunda. Lo celebramos en el campo, en la calle, con la efusividad con que se celebran las alegrías cuando llegan sin que nadie las espere. Un milagro, pensamos. Podéis levantar la mano quienes pensaseis que había plantilla para mantenerse. Quien más, quien menos, basaba sus esperanzas en la llegada de algunos mirlos para reforzar una plantilla que ya había dado de sí más grano del esperado. Pero hete aquí que como los campos belgas, franceses o de por ahí, esta plantilla está a punto de ofrecernos una doble cosecha. Lo digo hoy, antes de la definitiva sentencia, porque no quiero que sea el resultado el que me conduzca al agradecimiento:este grupo de jugadores, pase lo que pase en los dos próximos partidos, ha llevado con orgullo y con honor, han defendido con honra y con respeto, el escudo blanquivioleta.

Entendido así, el alborozo del banquillo tras el maravilloso gol de Waldo–Gualdo supone una celebración y una autorreivindicación, un 'aquí estamos' unido a un 'no vamos a ponerlo fácil'. El grito del zohorí Sergio, las caras tensas y los brazos estirados de sus ayudantes, muestran a las claras la importancia de la lluvia en este momento de mayo. Hasta Santamaría Uzqueda, un árbitro con todo lo que esto supone de impasibilidad, celebra efusivamente un tanto que pesa en la clasificación como muchas fanegas de trigo. Desde entonces, ¡qué largo se hizo!, hora y cuarto de gozo y de sufrimiento, de sufrimiento y de gozo. Es curioso esto del fútbol: lo pasamos bien pasándolo mal y además deseando que se pase.