¡Al fin la tormenta perfecta!

La encomiable comunión grada-equipo puso la primera piedra e incluso el segundo gol que no terminó por llegar

El banquillo explota de alegría al término del partido con Calero y Plano saltando, y Sergio con gesto de rabia. /Villamil
El banquillo explota de alegría al término del partido con Calero y Plano saltando, y Sergio con gesto de rabia. / Villamil
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Maestro de maestros, Manuel Alcántara acostumbraba a escribir frases lapidarias, de esas que resuenan semanas enteras en el subconsciente. Hace una semana de su muerte, y desde entonces resuena en estas líneas un párrafo entre tanta tormenta perfecta. De las sentencias más sabias que escribió. «Hay que prohibirse el pesimismo. Y también prohibirse la desolación». Y en este punto que tanta memoria trae a este club en temporadas pretéritas, en esta ciudad que imprime de nacimiento ese mismo carácter pesimista, es precisamente este año y con este equipo el que más está aprendiendo a confiar en un grupo que no desfallece. Que no ha perdido de vista su horizonte pese a jugar en ocasiones delante de un muro. Que se ha caído en repetidas ocasiones, muchas de ellas por zancadillas propias, y que sin embargo ha sabido levantarse sin mirar atrás para muchas veces recibir otro golpe de semejantes dimensiones.

El sabio Alcántara, maestro también en crónicas de boxeo, solía repetir que solo necesitaba tres cosas para sentarse a parir columnas doradas. Un buen titular, su tabaco negro y una máquina Olivetti.

El titular de esta contracrónica llevaba varias semanas, meses si se quiere, esperando en el banquillo. Tanto tiempo que lo había metido en formol con la esperanza de que en una de las tres citas que le faltaban a Zorrilla, Girona, Bilbao y Valencia, pudiera ver la luz.

Y esa tormenta perfecta se dio ante el Girona, sin tiros en el pie ni errores groseros que lamentar. En el mejor de los momentos. Cuando ya no había más salidas ni más lesiones que limitar los recursos del técnico en el banquillo. Ante el Girona hasta los centrales parecieron lucir más centímetros, Masip más corpulencia y seguridad para atajar córners,... y hasta brotaron del campo veteranos que no habíamos visto hasta la fecha. El Valladolid llevó el ritmo, marcó un gol más que el rival, e incluso le ganó también a ese otro fútbol que tanto ha echado en falta el técnico y la grada en situaciones de partido apretadas. Se vieron detalles que hubiera firmado el mismo Bordalás para su Getafe.

Dos jugadores caen al suelo por la tensión tras el pitidio final.
Dos jugadores caen al suelo por la tensión tras el pitidio final. / Villamil

Un Alcaraz renqueante que se detuvo en varias ocasiones antes de abandonar el campo por línea de banda, a escasos tres metros; un Masip que se acercó al banderín del córner a recoger un balón que debía poner en juego tras saque de fondo; un centro del campo que retuvo el balón para no echar al equipo atrás cerca de su área,... hasta Ünal pareció tener en su historial trescientos partidos en Primera, echándose como se está echando al equipo a la espalda en las últimas semanas con un compromiso tantas veces puesto en duda esta temporada.

Hasta la grada defendió e incluso despejó ese último saque de esquina en el minuto 97

En el otro extremo del mérito que tiene este Valladolid descansa precisamente el pesimismo que no ha cundido en la grada y que pese a todas las señales recibidas a lo largo de la temporada no ha perdido la esperanza, y ha mantenido su confianza y perseverancia en el vestuario que le devolvió a Primera. Esa encomiable comunión grada-equipo puso ayer la primera piedra de la victoria, y con toda probabilidad el segundo gol que finalmente no terminó de llegar.

Hasta la grada defendió e incluso despejó ese último saque de esquina botado en el minuto 97, de todo punto incomprensible como no podía ser de otra forma en Zorrilla esta temporada. Faltaba ese último rayo de la tormenta perfecta y Martínez Munuera esperó a que se asomara. Aguantaba el árbitro a ver cómo este Valladolid se prohibía el pesimismo. «La vida sigue y lo más importante que puede hacer el ser humano es sobreponerse. Todo lo demás se da por hecho», que escribiría el maestro Alcántara.