¿Habrá tres peores que el Real valladolid?

El juego del Pucela anda en franco retroceso, nos hace creer que sus esperanzas se basan en que haya tres que lo hagan peor

¿Habrá tres peores que el Real valladolid?
JOAQUÍN ROBLEDO

A pesar de que no se tiene por conducta muy aconsejable, camarón que se duerme se lo lleva la corriente, llegar tarde puede tener alguna ventaja. Que se lo pregunten si no a Alonso Pinto. El tío se las apañaba día tras día –cuando no era por el fas de que se había dormido, era por el nefás de que no encontraba no sé qué libro– para hacernos esperar algún minuto. Tan tenaz era en esto de retrasarse que el autobusero no partía sin antes preguntar en alto si Pinto había subido. Cuando recibía el sí coral arrancaba el motor y nos ponía en marcha. Algún día, sin embargo, ocurrió que alguien se demoró más que Alonso. Mala suerte. Habiendo llegado Pinto, la puerta se cerraba. No había tiempo para más.

Llegar el primero, por el contrario, tiene buena prensa, la vela que va delante es la que alumbra, aunque en ocasiones, adelantarse a los demás puede tener perversas consecuencias. Alberto Sancho, de carácter excesivamente impulsivo, se adelantó a todos sus compañeros para coger el balón que, tras un patadón defensivo, había salido del campo para aterrizar en la tierra colindante. Alberto, en plena carrera, en cuanto puso el primer pie entre los surcos, sintió que el culo le hervía. El señor Ambrosio, el dueño de la finca que miraba con poca simpatía a los niños que jugaban en la vecindad de su terreno de labor, había acertado con su vara de mimbre con el trasero del muchacho al que, como consecuencia de aquella premura, tuvieron que aplicarle mercromina durante unos días en las golpeadas posaderas.

Por eso, ni es necesariamente malo llegar tarde ni siempre es bueno llegar después, no parece preocupante que media docena de jugadores vallisoletanos se mantengan expectantes ante el bético Carvalho que se adelantó a todos ellos. La jugada parece una más de los montones de ellas que resultan intrascendentes a lo largo de un partido, nada de que preocuparse. Lo malo, lo alarmante, es que este Pucela va rezagando su posición en la tabla, y ahí sí que no hay relativismo, aquí no hay autobusero que espere, los tres últimos serán condenados a la hoguera. Hasta no hace mucho, uno aspiraba a que los blanquivioletas fueran mejores que, al menos, tres rivales;hoy me conformo con que haya tres peores que el Pucela.