Ultimátum

Escenifica el autor las sensaciones que en estos momentos debe estar viviendo el entrenador del Real Valladolid

Ultimátum
JESÚS MORENO

Leo y escucho estos últimos días que el entrenador del Real Valladolid Luis César Sampedro ha recibido un ultimátum por parte del club. Esa expresión me lleva, siempre e irremediablemente, a imaginarlo solo, sediento, sudoroso y con barba de tres días. Acantonado en un rincón de una habitación oscura de una casa abandonada. Pistola en mano y con la mirada fija en una puerta. Afuera se escuchan las sirenas de los coches de policía y a una muchedumbre que se ha ido acercando para ser testigos del desenlace esperado. Un hombre con un megáfono le grita que se rinda, que no merece la pena continuar más allá, que se entregue sin causar más daño. Luis César está cercado y sabe que, antes o después, se cumplirán las amenazas y entrarán a desalojarlo. Aún se siente fuerte, sabe que ya se vio, no hace tanto, en una situación similar y consiguió salir airoso…

Aun sin bicicleta, sin chica y sin tararear ‘Raindrops Keep Fallin' on My Head’, la presencia de Sampedro en el Real Valladolid, desde el mismo día de su llegada, me ha recordado a la huida hacia delante que protagonizaban Redford y Newman en ‘Dos hombres y un destino’. A trancas y barrancas ha ido sobreviviendo a todos aquellos estados de opinión que ninguneaban los aciertos y magnificaban, hasta convertirlos en regla general, los minutos malos que se podían producir en un partido.

Ahora, sin embargo, Luis César se encuentra al final de la escapada, acorralado por unos resultados deficientes fuera de casa y un entorno que jamás creyó en él. Si, como cuentan los cronistas, el domingo se juega el puesto en el partido frente al Rayo Vallecano, es que ya ha dejado de ser entrenador del Real Valladolid. El ultimátum no es otra cosa que la amenaza de quien ha perdido la confianza en la capacidad el entrenador para que el equipo termine en los puestos de privilegio cuando acabe la temporada.

El club se encuentra, de nuevo, en la encrucijada de cada año por estas fechas. O dejar caer a un técnico amortizado para un entorno que ve en Luis César el principal culpable de la situación deportiva del Real Valladolid, o respaldar sin fisuras y con hechos al entrenador como variante a lo que suele ser la regla general. Ya saben, por aquello de hacer algo diferente para obtener resultados distintos.

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