El Real Valladolid suma la cuarta victoria y se sitúa en zona europea

Los jugadores del equipo pucelano se abrazan tras conseguir la victoria ante el Betis. / Efe

Antoñito marcó el gol blanquivioleta y luego supo defender con su habitual solvencia

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Cuatro años de travesía por el desierto merecían, probablemente, la sonrisa de oreja a oreja que ahora exhiben todos los seguidores pucelanos. Y muchos de los que se borran en los malos momentos, probablemente también. Por encima del Real Madrid, en puesto europeos, siendo el segundo menos goleado, rentabilizando los goles como en las mejores épocas de Cantatore o Mendilibar y, sobre todo, con una absoluta fe en lo que hace y un profundo convencimiento de lo que lleva a cabo. Así es este nuevo Real Valladolid, que se ha instalado en una dinámica de las que te convierten en equipo revelación y pesadilla para los rivales. Los elogios de Canales al final del partido demuestran lo que es este Valladolid.

0 Real Betis

Pau López, Francis, Bartra, Javi García (Mandi, min. 45), Sidnei, Junior, Carvalho, Canales (Lo Celso, min. 72), Inui (Sergio León, min 58), Baudebouz , Loren.

1 Real Valladolid

Masip, Moyano, Kiko Olivas (Borja, min. 50), Calero, Nacho, Antoñito, Alcaraz, Míchel, Toni, Leo Suárez (Anuar, min. 63), Ünal (Miguel, min. 90)

Goles
0-1, min. 36: Antoñito culmina con un disparo cruzado una contra maravillosa del Pucela
Árbitro:
Alberola Rojas. Uno de los jóvenes valores del arbitraje español. Amonestó a Antoñito, Kiko Olivas, Nacho, Masip

El Pucela se marcó, de nuevo y con solo la excepción del inicio del partido en Balaídos, una primera parte de las de enmarcar. Una vez más hizo vulgar al rival. El Betis de la posesión, del juego precioso y profundo no encontraba un solo resquicio. Y es que es esta la gran virtud del Valladolid de Sergio: ningún rival parece bueno frente a él, ninguno destaca, ninguno sabe mostrar sus virtudes. Los blanquivioletas han convertido en rivales planos al Barcelona, al Celta y al Levante, que ganó en el Bernabéu...

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Y esos tonos grises en que el equipo blanquivioleta torna la paleta del rival nacen de unas líneas muy juntas, de un orden cuasi militar, de una solidaridad de ONG y de una extraordinaria forma física. El Valladolid juega de memoria, incluidos los recién llegados. Míchel da la pausa, Leo Suárez y Toni le ponen la imaginación y el resto, incluído un Ünal en crecimiento, la eficacia necesaria. Precisamente de la combinación de Suárez y Toni nació el gol de Antoñito. Gol que hay que anotar también en el haber de Alberola Rojas. El árbitro aplicó con exactitud una ley de la ventaja que podía haberse guardado sin que a nadie le pareciera mal.

Pero el Betis debía reaccionar. Por presupuesto y plantilla tenía que mostrar algo más de lo que había enseñado en la primera mitad. Y lo hizo, pero a empujones, a ráfagas. Solo cuando el Valladolid se equivocó y defendió por acumulación y no por posición o por posesión lo pasó mal. Tampoco exageradamente, todo sea dicho, pero sufrió. Pero ni la baja de Olivas, lesionado y suplido con brillantez por Borja, alteró el pulso y los planes blanquivioletas, a los que solo la ingenuidad en alguna acción de ataque y el cansancio impidieron cerrar el encuentro mucho antes del pitido final.

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