El Valladolid suma el tercer triunfo consecutivo gracias a la defensa

Moyano intenta progresar ante Ferreiro. / R. Gómez

Un gol de Alcaraz y la eficacia atrás fueron suficientes para superar a un Huesca que controló mucho, pero no llegó

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISAValladolid

Doce puntos, tres victorias seguidas y una afición que sueña y se frota los ojos. El Valladolid de Sergio va rompiendo moldes de manera pausada pero seguro. Y lo hace incluso cuando no juega bien en ataque porque, y ahí está la clave, siempre es eficaz en defensa. Un gol encajado en tres encuentros habla a las claras de la eficacia del entramado, del compromiso de los jugadores y de la confianza en su trabajo de todo el bloque. Llegarán días malos y derrotas, pero la competitividad de los blanquivioletas augura que esos momentos no están cerca, precisamente. La sonrisa radiante de Ronaldo en el palco es uno de los exponentes del trabajo que se está haciendo en el club, en el que todos, ahora mismo, suman. Desde el campo y desde las oficinas.

La opción de Sergio de recurrir a dos delanteros, aprovechando la movilidad de Cop y Ünal y los problemas que ello suele ocasionar a las defensas, se completó con una estratagema muy habitual en los últimos partidos: obligar a Toni Villa a jugar más por dentro partiendo desde la izquierda. Esas diagonales fueron el principal motivo de peligro del Valladolid en la primera parte y la causa directa del gol de Alcaraza, ya que el murciano forzó la falta de Semedo en un lugar ideal para el centrocampista.

1 Real Valladolid

Masip, Moyano, Olivas, Calero, Nacho, Alcaraz, Michel, Leo Suárez, Toni Villa (Antoñito, min. 71), Duje Cop (Borja, min. 84) y Enes Ünal (Anuar, min. 63)

0 Huesca

Jovanovic, Miramón, Semedo, Etxeita, Pulido (Cucho Hernández, min. 63), Aguilera, (Longo, min. 71) Sastre, Ferreiro, Moi Gómez, Gürler, (Gallart, min. 57) Chimy Ávila

Goles
1-0, min. 28: Alcaraz, de golpe franco directo.
Árbitro
El valenciano Mateu Lahoz, con Alberola Rojas en el VAR. Amonestó a Míchel, Gürler, Semedo. Anuló un gol a Leo Suárez por fuera de juego de Nacho en el arranque de la jugada
Campo
17.300 espectadores en Zorrilla. Césped espectacular

Pero pese al gol el Valladolid estaba fallón en ataque, con movimientos de sus piezas coordinados y con sentido, pero sin que hubiera el necesario entendimiento en los metros finales. A Cop y a Ünal les queda un buen trecho para entenderse. Entre ellos y con los que les suministran los balones. Pero como el Huesca no hacía daño, encorsetado en un sistema más pensado para defender que para atacar, el Real Valladolid vivió muy cómodo casi todo el primer acto.

Pero algo debía de cambiar Leo Franco si quería remontar el encuentro. Y lo hizo, pero entonces los aragoneses se encontraron con la segunda cara del Real Valladolid: la solidez defensiva, el trabajo solidario, la capacidad de competir reduciendo espacios, el dominio del juego aéreo de Calero y Olivas, las piernas de once tipos que no quieren dejar de vivir un sueño impensable hace seis meses y que apenas se vislumbraba hace cinco.

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No hizo una gran segunda parte el Pucela en lo que al ataque se refiere, pero el fútbol es también apretar los dientes, cerrar espacios, sufrir, no desconcentrarse. Y ese otro fútbol el Real Valladolid lo borda.

El Betis es el próximo objetivo, pero ahora toca disfrutar del parón. Y parar en la parte más noble de la clasificación no es algo a lo que esté habituado el aficionado blanquivioleta. Así que toca disfrutarlo.

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