Análisis: 'Valladolidi', por Jesús Moreno

El autor ensalza un proyecto como el de la Liga Genuine que persigue la integración a través del deporte con personas con discapacidad intelectual

La plantilla del Real ValladoliDI posa con Ronaldo en el estadio antes del partido ante el Eibar. /Espeso
La plantilla del Real ValladoliDI posa con Ronaldo en el estadio antes del partido ante el Eibar. / Espeso
JESÚS MORENO Valladolid

Un día Javier Yepes –a quién el paso del tiempo, de las experiencias, de la tristeza y de las decepciones de la vida en general, aun sin perder el humor, le ha ido dejando un poso de amargura tanto en la mirada como en lo que relata con singular maestría, de forma que se empiezan a apreciar las semejanzas con cualquier protagonista de novela de Arturo Pérez-Reverte– nos contaba que la mejor manera de conseguir que los clubes de fútbol en general, y el Real Valladolid en particular, enganchen a la gente para que acudan en masa al estadio es a través de los goles, de los resultados.

No se puede negar que, hasta la fecha, los hechos le dan la razón. Que el club rompa todos los registros de abonados, que la afición cuente las horas para volver a Zorrilla o que la Federación de Peñas se ve desbordada cada vez que organiza un viaje, no puede explicarse de otra manera que no sea a través de los goles y las victorias que auparon primero al Real Valladolid hasta la categoría de oro y, después, le permiten mantenerse con solvencia en la competición más igualada e inflacionada de los últimos años.

Pero los goles no llegan siempre, y no se puede hacer depender la presencia de aficionados en la grada de unos resultados que, muchas más veces de las deseadas, han dejado de acompañar. El proyecto XII Pucela resultó fallido más por las personas que lo lideraron que por la idea en sí: cultivar la masa social independientemente del resultado, la clasificación o la categoría en la que la entidad habite.

El pasado fin de semana, el Real ValladoliDI debutó en LaLiga Genuine, una competición en la que más allá del resultado se busca la integración a través del deporte de personas con discapacidad intelectual. Emociona descubrir que el club recoge otra vez el testigo de la labor social, que promueve acciones –en este caso con la colaboración de la LFP– tendentes a mejorar la vida de los demás, que traspasa el plano deportivo para instalarse en una dimensión más humana y más solidaria. Es otra manera de presentarse ante los ojos de su gente y de devolver a la sociedad parte de lo que esta le aporta. Es otra manera de hacer afición. Es otra manera de sentir orgullo de pertenencia aun cuando el primer equipo no juega.

 

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