Valladolid-Villarreal: traspasos de ida, cesiones de vuelta

Sergio Asenjo sujeta un cartel del San Juanillo de Palencia, el club del que salió. /El Norte
Sergio Asenjo sujeta un cartel del San Juanillo de Palencia, el club del que salió. / El Norte

La buena relación existente entre ambos clubes ha propiciado traspasos más suculentos que cesiones rentables

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Hermanados pese a los 590 kilómetros que les separan, Real Valladolid y Villarreal han forjado a lo largo de su historia una intensa relación plagada de operaciones, traspasos y cesiones, que se ha intensificado de manera especial en la última década. Jugadores de ida y vuelta que han aprovechado el puente levantado entre Zorrilla y el estadio de La Cerámica para hacer carrera en algunos menos y para engordar su capítulo de cesiones en otros. Porque el éxito no ha sido de ida y vuelta. No hay balanza que mida el rendimiento, pero si la hubiese, los traspasos se contarían por toneladas y ganarían por goleada a las cesiones.

Lógicamente el club rico –y espejo en el que siempre se ha mirado el Valladolid por su crecimiento deportivo y económico– sale ganador pese a que el club pobre se haya garantizado operaciones a priori atractivas a coste cero.

Sin un origen concreto, el hermanamiento lo apadrinó Paquito y su llegada al banquillo castellonense en 1998, años después de dejar su impronta en Valladolid. No fue el suyo un puente aéreo directo, porque pasaron dieciséis años entre ambas etapas, pero su consejo sí fue definitivo en los primeros traspasos. Probablemente los más sonados y recordados son los de Víctor Fernández (2000/04 en Villarreal) y Joseba Llorente (2008/10), no solo por la huella que dejaron sino por compartir delantera en Zorrilla entre los años 2005 y 2008. Marca también dejó en ambos clubes el paso de Juan Manuel Peña. El boliviano, nueve años de blanquivioleta, militó también tres temporadas en la zaga del Villarreal (2004-2007) antes de abrir un amplio paréntesis en esta particular relación entre entidades. No fue hasta 2014 cuando el Villarreal, aprovechando el descenso de su club hermano, se hizo con los servicios del serbio Antonio Rukavina para reforzar su lateral derecho.

En este viaje sentido Castellón hay que apuntar también en la lista a otros jugadores que, si bien vistieron la camiseta blanquivioleta, pasaron por otros equipos antes de recalar en el antiguo Madrigal. La mirada apunta en este caso a la portería, con un César Sánchez que en sus últimos coletazos como jugador profesional vistió de amarillo en la campaña 2011-12, doce años después de despedirse de Zorrilla camino del Bernabéu; y Sergio Asenjo, que llegó a Villarreal en 2013 desde las filas del Atlético de Madrid.

Hasta Castellón se fueron también desde Valladolid el técnico Julio Velázquez –con una campaña por medio en El Ejido (2010/11)– después de dos años en el Juvenil y uno en el filial, y el lateral Felipe Alfonso, formado en las categorías inferiores del Real Valladolid que llegó a debutar en el primer equipo de la mano de Djukic en Segunda División antes de recalar en el filial del Villarreal (2013/17) para jugar 97 partidos.

Otro cantar es el viaje en sentido contrario. La relación no ha sido igual de correspondida. El listado de cesiones es también generoso, concretamente en la última década en la que el contacto ha sido especialmente fluido entre ambos clubes. Si colocamos al centrocampista argentino Damián Escudero en el capítulo de lo anecdótico (temporada 2007/08), su estela la han seguido posteriormente jugadores como Héctor Font (2009/10), con diez partidos jugados en una campaña que acabó en descenso; César Arzo (2009/11), que pasó con más pena que gloria por la zaga vallisoletana antes de ser traspasado al Gent belga; Marquitos, que vistió de blanquivioletas en dos campañas alternas (2009/10 y 2011/12) con un salto al filial del Villarreal; Diego Mariño (2013/14), en un extraño caso para un portero que jugó la primera vuelta antes de ceder los guantes a Jaime en la segunda; y el paraguayo Hernán Pérez y el gallego Jonathan Pereira en 2015; y el manchego Sergio Marcos (2016/18) antes de recalar en la Cultural Leonesa.

Un amplio listado fruto de la buena relación que tradicionalmente han alimentado ambas directivas, y que el propio Miguel Ángel Gómez se encargó de subrayar hace tan solo un mes al término del mercado de fichajes. Se refería el director deportivo del Real Valladolid a las dos últimas cesiones procedentes del club que preside Fernando Roig. La del turco Enes Ünal, que a sus tiernos 21 años ya ha vivido cinco cesiones (Gent, NAC Breda, FC Twente, Levante y ahora Real Valladolid), y la del argentino Leo Suárez (22 años), nacido futbolísticamente en Boca Juniors pero formado profesionalmente a los pechos del Villarreal, donde empezó en su filial antes de debutar en el primer equipo. Ambos son los últimos pasajeros del puente aéreo entre Valladolid y Villarreal.

 

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