El vestuario del Real Valladolid

El ambiente en la caseta blanquivioleta no es malo, pero hay decisiones del club que no terminan de ser entendidas por los futbolistas

Míchel durante una sesión con los niños de la escuela del Valladolid. /
Míchel durante una sesión con los niños de la escuela del Valladolid.
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Hace años tuve la ocasión de asistir a una conferencia de un afamado director deportivo en el que explicaba algunas de las claves de su método. Un sistema que funcionaba bajo dos parámetros teóricamente opuestos, pero realmente complementarios.

Parámetro 1: procura siempre que los jugadores sepan en diciembre cuál va a ser su futuro en junio. Y para eso, lo mejor es renovarles. No puedes, aseguraba el ponente, exponerte a que un jugador tuyo tenga que medirse en marzo contra el equipo del que va a formar parte en septiembre.

Parámetro 2: el fútbol es un juego en el que los que arriesgan su dinero deben ganarlo. Por eso es necesario trabajar siempre con el objetivo de revalorizar la cotización de los futbolistas. Y con ello debe entenderse que tanto se revaloriza un jugador que te costó 10.000 y lo vendes en 30.000, como el que adquieres en 1,5 millones y vendes en 10.

Pues bien, el primero de esos parámetros está provocando cierta marejada en el vestuario del equipo blanquivioleta. Que a 10 de marzo pesos pesados como Míchel o Borja (capitanes ambos) sigan sin saber dónde estarán en julio es poco comprensible. Ambos quieren seguir jugando al fútbol, y ambos deben saber su futuro cuanto antes. Deberían, y esto es ya opinión personal, estar renovados. Su peso específico dentro del vestuario es notable, y su capacidad de liderazgo dentro del grupo indudable. Y cuando, vienen mal dadas, es vital que la salsa en la que se cuece el futuro deportivo del club esté con el punto justo de sal y pimienta. De lo contrario el guiso termina soso.

Y otro detalle. Varios futbolistas han mostrado su extrañeza porque no se haya celebrado cena o comida alguna en estos momentos de dureza clasificatoria y crisis de juego. El club, por lo que sea, no ha dado ningún paso. Y los jugadores, tampoco. Mala señal.