Villarreal, de vuelta a la casilla de salida

El entrenador del Villarreal, Javier Calleja, en su vuelta al banquillo en el partido ante el Espanyol. /Efe
El entrenador del Villarreal, Javier Calleja, en su vuelta al banquillo en el partido ante el Espanyol. / Efe

El equipo castellonense recupera el plan A con el que empezó el curso y Calleja se apunta a los tres centrales en su regreso al banquillo, ahora con Iborra como recurso ofensivo

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

No es fácil asimilar que con el sexto presupuesto más alto de la competición –109, 126 millones de euros marca su límite salarial– no te llega más que para superar al recién ascendido Huesca en la clasificación. Cuatro puntos por debajo de la frontera que marca la permanencia con una plantilla diseñada para meter la cabeza en Europa. Eso es lo que más penaliza en vestuarios ideados para metas mayores, desde luego poco acostumbrados a moverse en el fango de la zona baja, y que casi sin darse cuenta se ven arrinconados en un callejón de difícil salida.

El diagnóstico para los equipos que nacen sin plan B tiene un tratamiento más complejo que el resto, y que suele prolongarse lo que tardan sus jugadores en saber y asimilar el terreno que pisan. El regreso de Javier Calleja al banquillo dos meses después de su destitución es síntoma de portazo a otras soluciones y a la alternativa que suponía Luis García Plaza para volver al plan A. Al original. El Villarreal decidió prescindir de su técnico el pasado 10 de diciembre y dos meses después opta por volver a la casilla de salida y devolver el vestuario al técnico que mejor lo conoce. Una decisión con algún precedente –uno de ellos en la familia Roig precisamente– que, sin embargo, no es habitual en el mundo del fútbol. Solo un presidente tan peculiar y familiar como Fernando Roig podía estar detrás de esta solución. Cualquier otro club hubiera apostado por incorporar cuatro o cinco jugadores en el mercado invernal. El castellonense no. Al 'submarino' amarillo solo ha llegado Vicente Iborra y el golpe de timón lo ha dado con el cambio de piezas en el banquillo.

Calleja, que se fue tras quince jornadas con 3 victorias y 5 empates en 14 puntos, retoma toda la responsabilidad de un equipo que sin él ha acumulado 4 empates en seis partidos. Pese a que su colega Luis García Plaza amagó con dar con la tecla cuando dijo que «los equipos que están abajo tienen que jugar de otra manera», lo cierto es que el Villarreal tampoco ha levantado cabeza de su mano.

La involución en la que se ve envuelto a día de hoy responde a un puñado de claves que tienen su origen en el pasado verano con una planificación que no ha respondido, ni de largo, a lo esperado. Los 75 millones de euros invertidos entonces no han mejorado las prestaciones de lo que había la temporada pasada. Por supuesto tampoco los números, a pesar de que la apuesta por Gerard Moreno, Bacca y Ekambi está suficientemente justificada para pensar en una delantera de altos vuelos.

A la escasa aportación de la línea ofensiva hay que sumar jugadores están por debajo del nivel mostrado en años anteriores, caso de Mario Gaspar, Víctor Ruiz, Jaume Costa, o Manu Trigueros, que aún sufre las secuelas de su operación de pubis –se puso en manos de la misma doctora que operó de pubis a Enes Ünal en Alemania unos meses después–. Tal vez el caso que más ha afectado al Villarreal por su influencia dentro y fuera de campo es el que tiene que ver con la ausencia de Bruno Soriano, que arrastra ya año y medio de baja y de calvario por una grave lesión en la tibia de su pierna izquierda. Esa falta de liderazgo ha causado mella en un vestuario frágil, tal y como han llegado a reconocer el propio club, donde se ha llegado a reconocer que determinados jugadores salen atenazados por no saber canalizar la presión a la que se ven sometidos. «Ante cualquier contratiempo se vienen abajo», transmiten desde el estadio de La Cerámica.

De este modo el juego, que debería ser prioritario en las preocupaciones del cuadro castellonense, no lo es. La fragilidad defensiva que proyecta –el de ayer es un claro ejemplo, encajando dos goles en los minutos finales– es otra de las claves en la trayectoria deficitaria de este Villarreal. Y en esa fuga, la posición de central está señalada. Tanteó diversas opciones en este mercado invernal y ninguna cuajó.

Tal vez por ello el propio Calleja haya decidido apuntarse a la tendencia de jugar con tres centrales en busca de una mayor solidez.

 

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