Waldo, la flecha de tiro desviado

Waldo hace un control el día de su debut en Butarque. /G. Villamil
Waldo hace un control el día de su debut en Butarque. / G. Villamil

El extremo del Real Valladolid ha madurado y sorteado obstáculos por igual hasta llegar a Primera División. Formado en las categorías inferiores del CP Flecha Negra de Badajoz, se curtió en el Recreativo y Córdoba B

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

No quería estudiar y si lo querías encontrar, tenías que irte al centro para verle pegando balonazos a la pared de la catedral». A un minuto de la calle San Blas. Y a poco más de cuatrocientos kilómetros de Valladolid, donde hace un mes firmó contrato profesional para formar parte de la primera plantilla hasta el año 2022 y, acto seguido, remangarse para bajar al barro y echar una mano en la carrera por la permanencia.

Algo sabe de lo último –este mismo año ha dejado atada la del filial– y mucho de lo primero Waldo Rubio (Badajoz, 1995). Puede dar fe Fale Rivero, que le ha visto corretear primero en pleno centro de Badajoz y poco después por los campos de La Granadilla –ahora Eusebio Bejarano en honor al que fuera defensa del Atlético de Madrid– desde su etapa prebenjamín. «Con cinco años ingresó en nuestro club», recuerda el presidente del CP Flecha Negra, «y desde entonces Waldino no dejó de proclamarse máximo goleador de la categoría casi hasta su primer año de juvenil, que se le atascó un poco». Campeón de liga y también de Extremadura desde prebenjamines hasta edad cadete, «ahí terminaron terceros», Waldo empezaba a despuntar ya fuera como delantero centro o por banda, donde su desborde y velocidad no tardaron en llamar la atención de los ojeadores de la época.

El informe llegó en este caso desde Huelva, donde tienen que sumergirse en el mercado extremeño para compensar los jugadores que acaban en Sevilla. «Llegó siendo muy niño, con las mismas condiciones que le veis ahora, pero en bruto. Hubo que trabajar mucho con él para que madurara», recuerda Juanma Pavón, probablemente el técnico más duro con él durante su etapa de formación. «Él quería la pelota para irse de cinco o seis rivales, y en el aspecto táctico era un desastre. No sabía cuando tenía que regatear y le costaba emplearse en defensa. Esa velocidad explosiva es algo innato que él tiene, y desde luego si centra su cabeza seguirá evolucionando y esa madurez le dará más posibilidades de destacar como profesional», señala el hoy técnico del Cádiz B. Con él estuvo en el División de Honor y también en el filial en una etapa en la que llegó a debutar en Segunda B. «Aquel fue un año duro, sin presidente, en el que el Recre tenía todas las papeletas para desaparecer. El equipo era muy joven, él no era titular y se hizo un hueco. De hecho en la segunda vuelta se hicieron buenos números», explica Pavón, que pone como ejemplo de su progresión un Granada-Recreativo de la antepenúltima jornada. «Entró y revolucionó el partido», recuerda, apuntando los tres nombres de aquella cantera que para él tenían la suficiente proyección como para dar el salto. «Allí teníamos a José Naranjo, ahora en el Tenerife, Dani Molina, en el Celta B, y Waldo Rubio, que tiene mucho que agradecer al que era mi ayudante, Miguel Rodríguez». Se refiere Juanma Pavón al exjugador conocido como 'El colilla' que desde un primer momento se convirtió en sombra de Waldo para que el jugador extremeño no se desviara un centímetro del camino. «Mentalmente era muy débil y un jugador con muchos altibajos, y Miguel ejerció un poco de psicólogo con él desde el primer día».

«Mentalmente era muy débil y un jugador con muchos altibajos», señala Juanma Pavón, su técnico en Huelva

«Mentalmente era muy débil y un jugador con muchos altibajos», señala Juanma Pavón, su técnico en Huelva Juanma pavón, su técnico en el recreativo de huelva

Con la cabeza un poco más amueblada, Waldo recaló al año siguiente en el filial del Córdoba en una temporada, la 2017/2018, que se le atragantó por mil y una circunstancias. Suplente en no pocas jornadas en una campaña con cambio de entrenador y descenso incluidos, el hoy blanquivioleta firmó una hoja de servicios con siete goles en 29 partidos.

El año pedía cambio. Y el informe llegó ahora desde Valladolid. Estando todavía en Huelva había sido Jesús Sánchez Japón el encargado de descolgar el teléfono para interesarse por Waldo Rubio y también por Antonio Domínguez.

Waldo Rubio trata de irse de dos rivales en su etapa en el Recreativo de Huelva.
Waldo Rubio trata de irse de dos rivales en su etapa en el Recreativo de Huelva. / Diario de Huelva

Aquella llamada fructificó el verano pasado, y el crío que daba balonazos contra la pared de la Catedral de Badajoz se asomaba a los Anexos para engrosar la plantilla del filial del Real Valladolid. La historia última es conocida por todos. Seis goles en veinticuatro partidos con el Promesas, debut en Primera ante el Leganés, unos minutos frente al Sevilla, y un contrato profesional con el primer equipo que le vestirá de blanco y violeta hasta el año 2022. Y que al CP Flecha Negra de Badajoz, de paso, le supondrá un pequeño porcentaje en derechos de formación para poder subsistir. Como antes con Pacheco (Alavés) o Rober Correa (Cádiz).