El gol de Waldo marcó el partido del Real Valladolid

El exentrenador del equipo blanquivioleta destaca la aportación del canterano y la solidez del equipo en los malos momentos

La alegría de Zorrillo/
La alegría de Zorrillo
JAVIER YEPES

No cabe duda que la de ayer será de esas jornadas que se recordarán por mucho tiempo por el significado que para este equipo y, lógicamente para el club en un futuro inmediato, pueden suponer.

Era imprescindible ganar al Athletic, tras conocer lo acontecido al Girona, y se ganó. Era necesario llenar el campo y teñirlo de blanquivioleta y la afición, ¿alguien lo dudaba?, lo abarrotó y lo envolvió en ese halo de complicidad que otorgan los gritos de ánimo, los cánticos bufanda en mano y las camisetas enfundadas con el orgullo y la ilusión de mantenernos.

Y finalmente, era decisivo que jugadores y cuerpo técnico echaran el resto con su aporte técnico y esfuerzo y no hubo regate de fuerzas en ningún sentido.

Con esos aditamentos solo faltaba la aparición en escena del actor que pusiese la guinda del gol y convirtiese el sueño en realidad.

Si el día del Getafe en Zorrilla Waldo se adelantó a Nacho e invalidó con su precipitada intervención el tanto, ayer, y justo a la inversa, corrió con la pelota, zigzagueó con el cuerpo para meterse en ángulo de disparo y mandó la pelota a quitar las telarañas del ángulo con resultado de gol.

Es la compensación mas dulce para un futbolista y la que cualquiera sueña que ocurra. Y si además eres canterano y sabes lo que cuesta hacerte aquí un hueco... pues el éxtasis deportivo.

Acertó el entrenador con la alineación y los cambios y acertaron los futbolistas con una primera media hora de partido que resultó primorosa .

Atentos, concentrados, decididos y utilizando el balón como criterio de base para el juego. El Athletic no le seguía en el juego y el Pucela se adelantó con el gol que finalmente sería el del triunfo. Para esos entonces el Pucela lo bordaba y Waldo se quedaba en propiedad con la camiseta del 11 tras su espectacular zapatazo y ¡ojo! tras un trabajo ímprobo de ayuda a su lateral para frenar las acometidas vascas por esa banda.

Sin embargo aquella pelea todos sabíamos que acabaría teniendo su coste. Los últimos quince minutos de esa parte, con Herrero y Alcaraz amonestados, se hicieron largas; tanto como el respiro que se escuchó en el campo cuando Mateu pitó.

La segunda mitad fue un calco de la anterior con altibajos de ambos equipos, hasta que los bilbaínos metieron toda la artillería, Raúl García y Aduriz, y nos empezaron a acogotar en jugadas a pelota parada.

Ahí surgió el mejor Pucela, el mejor Masip, el palo...y la afición. Y entre todos se solventó el mal trago. Joaquín, Toni y Antoñito le dieron categoría a la profundidad del armario y aguantaron como leones las de los otrora propietarios de San Mamés.

El Real Valladolid jugó el descuento a ritmo de Mateu y estalló la felicidad.