Una zancada más

El autor elogia la irrupción de Waldo en la primera plantilla y anima al vestuario a no bajar los brazos para mantener la misma línea de las últimas semanas

Waldo Rubio celebra el gol abrazado por Míchel. /Villamil
Waldo Rubio celebra el gol abrazado por Míchel. / Villamil
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Control orientado, cuarenta metros de carrera desbocada, ocho toques con el cuello erguido, el horizonte controlado. Un quiebro, cloc. Dos toques más para acomodar el cuerpo y boom, balón a la escuadra y la araña sin hogar. Euforia desatada, sonrisas descosidas y lágrimas de emoción. Zorrilla en pie para abrir la puerta de la historia del club a Waldo. He visto la jugada diecisiete veces y no me canso. 'Pucela is different'. Lo dije en este mismo rincón hace una semana y me reafirmo. Solo el Real Valladolid es capaz de sacar un pie del descenso con el golazo de un futbolista que hace un mes estaba encarcelado por su edad en el filial. La lesión de larga duración de Hervías escenificó su obligada alternativa y el extremeño no ha defraudado desde su estreno. Siempre que el balón besa su bota, al partido le cambia el gesto. Veloz y descarado para buscar el regate, representa la pimienta que le faltaba al equipo para resucitar.

Al Real Valladolid le queda una zancada más para embolsar la permanencia. O dos pasos, como prefiera. Mucha pasión. Lo reconozco, han pasado dos días y me siguen palpitando hasta las pestañas. No se me pasa. Pienso en los últimos remates del Athletic y se me nubla la vista, pero por fin encajan las piezas. Los cabezazos no cruzan la última frontera, Masip vuela de nuevo y el VAR levanta la barrera tras la mano involuntaria de Olivas. La vida en blanco y violeta justo en el momento más importante. Eso sí, aún no hay nada hecho. Las dos siguientes batallas también serán épicas.

El fútbol del conjunto castellano ha vuelto a renacer. Olivas manda y juega, Calero se mira en el espejo y se reconoce, y Míchel ha recuperado el compás. Arriba, Ünal exhibe su mejor versión junto a Guardiola. Representan el primer parapeto cuando el contrario inicia las maniobras ofensivas y son el nexo entre la continuidad y el remate. Solo falta el gol del turco para sellar la permanencia. Lo veo. 'Pucela is different', recuerde. Sergio ha encontrado la estabilidad perdida con un 4-4-2 que funciona con armonía, aunque tiene ciertos pellizcos de angustia, cuando el crono se acerca al epílogo, que debe corregir para que el drama no salga del cajón en los dos últimos asaltos.

La victoria ante el Athletic supone algo más que tres puntos. El Pucela respira por encima del fango y el corazón de sus fieles vuelve a latir con la pasión que hizo volar a sus futbolistas en la mágica promoción de ascenso. La comunión es perfecta. Solo falta que la plantilla mantenga la mandíbula bien prieta para volver a levantar el puño en el balcón. Por cierto, ideas como la de empapelar por sorpresa el vestuario con mensajes de ánimo de las mujeres que comparten vida con los jugadores ayudan a elevar el termómetro de los protagonistas. Todo suma y demuestra que el club también destila imaginación para que la motivación no descienda un ápice. Sigamos en la pelea.